Carla Bodoni: rara avis

Carla Bodoni, Stephen Vincent Benét y Sylvia Beach en la librería Shakespeare & Company, París, 1921

De sobra se ha demostrado que la escasez de datos y las lagunas biográficas benefician en mucho a las grandes figuras literarias. La correspondencia incompleta y los frágiles testimonios orales en torno a Rimbaud no han hecho más que delimitar un seductor abismo que nunca podrá recomponerse del todo, de igual modo que la parca biografía de Isidore Ducasse se ha convertido en pasto de elucubraciones de todo tipo. En Los detectives salvajes (1998) Roberto Bolaño narraba la convulsa odisea de dos poetas en su denodado empeño por recomponer la trayectoria vital de Cesárea Tinajero, una musa de la literatura de vanguardia mexicana cuyo rastro se pierde en el Desierto de Sonora. Algo similar ocurre con la figura de Carla Bodoni, sobre todo porque, en este caso, la escasez de datos fehacientes contrasta con un auténtico aluvión de testimonios dispares que dibujan la silueta de una mujer que, a pesar de haber desempeñado un rol fundamental en el desarrollo de la literatura del siglo XX, parece no haber hecho gala más que de una extremada discreción. Una breve semblanza de Carla nos cuenta que fue

de profesión prototipógrafa, gran erudita y conocedora de lenguas orientales que tuvo a gala imprimir sus libros sin erratas.

Los documentos más antiguos sitúan sus orígenes en Canadá, en el territorio del Yukón para ser más precisos, pero ¿proviene acaso su apellido del insigne tipógrafo Giambattista Bodoni (1740-1813)? No hay modo de comprobarlo. Hasta las fotografías de Carla son escasas, y allí donde por accidente se dejó capturar por la cámara aparece siempre oculta bajo su proverbial y enorme sombrero. Mucho más abundantes son las publicaciones donde se recogió su participación o que tratan directamente acerca de ella, en clave literaria o científica.

Carla Bodoni en las revistas Maintenant (1914) y Dada (1920)

Carla Bodoni fue la fundadora de la Fundación Rara Avis, cuyo objetivo principal era el mecenazgo literario mediante la convocatoria de concursos y certámenes, así como la “creación de espacios que consagraron la ciudad de París como referente artístico”. Si revisamos atentamente el rico fondo documental de la Fundación -del que se nos ofrece una pequeña selección en la web Rara Avis. Expedientes– comprobaremos que esta mujer singular tuvo siempre el don de la oportunidad y quién sabe si no poseyó también el de una sobrenatural ubicuidad. Su nombre aparece en las principales revistas de la literatura de vanguardia francesas: en 1914 junto a Arthur Cravan en Maintenant; en 1919 junto a Tzara, Duchamp y Apollinaire en 391; en 1920 junto a Breton, Aragon o Picabia en Dada, y acompañando a André Gide, Max Jacob y Marinetti en la primera época de Littérature; en abril de 1922 junto a Éluard, Soupault y Huidobro en Le Coeur à Barbe; Se rumorea que a lo largo de los años veinte codirigió en la sombra, junto a André Gide, la Nouvelle Revue Française, y se sospecha que la apertura de la célebre librería Shakespeare & Company regentada por Sylvia Beach -a través de la cual pudo editarse por primera vez y libre de la censura el Ulysses de James Joyce- no habría sido posible sin el mecenazgo de ese desconocido pilar central de las letras europeas que fue Carla Bodoni. Sin duda fue la musa de incontables escritores y artistas: su inconfundible perfil aparece entre los recortes de estampas de Une Semaine de Bonté (1934) de Ernst, Roberto Arlt la convirtió en el motivo de los Tres cuentos en torno a Carla Bodoni (1937), Clarice Lispector publicó en 1967 en Río de Janeiro O retrato de Carla, y Eugène Ionesco le dirigió dos fascinantes Cartas en 1988. Hasta el mismísimo Stravinsky compuso una suite de ballets inspirados en ella. No es de extrañar, por tanto, que la prestigiosa hispanista Katherine Whitmore le dedicara un riguroso pero inútil estudio en 1942, y que Kingsley Amis intentara en vano sintetizar todas las facetas de Bodoni en The other lives of Carla B. (1965).

Cubierta de The Bodoni Case (1942), de Katherine Whitmore; Cubierta de The other lives of Carla B. (1965) de Kingsley Amis

Lo más probable es que un servidor jamás hubiera cruzado su camino con el de Carla de no ser porque el sitio web Rara Avis. Expedientes me ofrecía la posibilidad de consultar varios documentos relacionados con Ramón Gómez de la Serna. Para mi sorpresa el perfil de la Bodoni aparecía entre la miríada de imágenes del estampario de Ramón en la famosa fotografía del despacho de la calle Villanueva tomada por Alfonso; el nombre de Carla se reconocía también entre la maraña de la Instantánea del cerebro de Ramón que dibujó Oliverio Girondo, y al parecer la Bodoni había sido incluso el motivo de uno de los dibujos greguerísticos de Ramón. ¿Quién demonios era aquella fascinante mujer de la que yo no había oído hablar jamás y de la que sin embargo se conservaban documentos excepcionales? Era un como pozo sin fondo de información para mis inventarios ramonianos. Pero nada hubiera alimentado mejor mis sospechas que, precisamente, aquella apabullante proliferación de datos meramente circunstanciales que en su conjunto se presentaban como una impostura maravillosamente bien compuesta, al estilo de la cultura-ficción de Borges en su Historia Universal de la Infamia, de Bolaño en su falsa recensión de La literatura nazi en América, o de Vila-Matas en la Historia abreviada de la literatura portátil.

Carla Bodoni en el estampario de Ramón Gómez de la Serna, fotografía de Alfonso Sánchez Portela, ca. 1932 (Haz click sobre la imagen para encontrar a Carla Bodoni, y haz click aquí para ver la fotografía original)

Lo más divertido es que la relación de Ramón con una mujer como Carla era plausible. El madrileño había dedicado espacio en sus libros a mujeres como Sonia Delaunay, Norah Borges o Marie Laurencin, pero me constaba que, al menos en lo que concernía a Ramón, todos y cada uno de aquellos documentos habían sido cuidadosamente falsificados. El creador de aquella brillante impostura sabía bien que hay un momento crucial en el proceso de elaboración de toda ficción en el que una imagen puede, por pura inercia cultural, convertirse en un gran punto de apoyo, y esto a pesar de que todo documento (ya sea escrito, impreso o fotográfico) lleva indisolublemente emparejados el mito de la veracidad y el peligro de la falsificación. En 1965 Antoni Tàpies y Joan Brossa colaboraron en la creación de un libro de artista titulado Novel·la y que consistía en la sucesión, cronológicamente ordenada, de una serie de documentos oficiales relativos a un sujeto ficticio, desde la partida de nacimiento hasta la de defunción, comprendiendo toda la panoplia de certificados académicos, militares, religiosos y civiles que le hubieran sido entonces propios a cualquier ciudadano común. En aquella ocasión la fría sucesión de documentos venía contrarrestada por los trazos oscuros y violentos con los que Tàpies manchaba y empañaba el rigor propio de aquellos papeles. Y es que hay otro punto crucial en la elaboración de una impostura: la solidez de una mentira viene dada también por su nivel de plausibilidad, y este era sin duda uno de los puntos fuertes de Carla.

Carla Bodoni inspiró a Igor Stravinsky su Jeu de danses (Suite de Ballet “Histoire de Carla”). Diseño de Erik Nitsche para Decca

Como ocurría con la Novel·la del tándem Tàpies-Brossa, tras Carla Bodoni y cada uno de los fabulosos expedientes custodiados por la Fundación Rara Avis no se esconde otra cosa que una obra literaria, un libro titulado Rara Avis: retablo de imposturas (Montesinos, 2009), escrito al alimón por Ignacio Caballero García y Blanca Gago Domínguez. Carla Bodoni no es pues sino el invisible gozne central de un artefacto delirante -pero extremadamente preciso- cuyo único objetivo es capturar al lector en un conjunto de narraciones vertiginosas donde se cruzan algunos de los autores que sin duda engrosan el canon literario del siglo XX y parte del XXI. En estos relatos aparecen, entre otras cosas: un desconocido heterónimo femenino creado por Fernando Pessoa que da lugar a una fantasmática relación de amor y celos en la que se cruza Aleister Crowley; las actas que Roberto Belano redactó en un encuentro secreto entre escritores latinoamericanos en los sótanos de la librería Porrúa de México D. F. a finales de los sesenta; la azarosa colaboración de los reputados miembros del Clan Ulrich, invitados a finalizar El hombre sin atributos de Robert Musil; doce inéditas y crueles muertes de Sherlock Holmes urdidas en secreto por Arthur Conan Doyle para vengarse del éxito de su personaje; las actividades secretas del pavoroso y fascinante Club del Expurgo; la turbadora posibilidad de que André Breton hubiera fraguado el ideario surrealista a partir de un simple libro infantil escrito en París en 1868 por un misterioso autor; e incluso la implicación, hasta ahora desconocida, de Apollinaire, Picasso y hasta Marcel Duchamp en el famoso robo de la Gioconda en 1911, y los obscenos mensajes que, a raíz de este suceso, oculta el lienzo en su parte posterior.

En la prensa: a la derecha la casa textil Schweizer usa el nombre de la poetisa para promocionar sus bordados en las páginas de Mundo Gráfico en 1914; a la izquierda el anuncio, aparecido en 1922 en La Vanguardia, de la conferencia de A. Breton acompañado por Carla Bodoni en el Ateneo de Barcelona

Los autores de Novel.la pretendían con aquella acumulación de documentos minar, por la vía de la creación artística, la inmovilidad del modelo burocrático franquista y expresar su rechazo frontal al sistema. Por su parte, el libro de Ignacio y Blanca es, en primer lugar, una pieza literaria terriblemente divertida (hace tiempo que no me reía tanto con un libro); es también un conjunto de narraciones que, a diferencia de aquellos libros que recurren al lugar común del manuscrito hallado o de la conjura (en algún momento incluso pseudo-esotérica), no opera sobre el mero pastiche historicista sino que articula una inteligente sátira del respetable mundo de la creación literaria y artística y de cada uno de sus agentes; Rara Avis: retablo de imposturas es sobre todo un libro cuya mayor baza es precisamente el conocimiento exhaustivo de la materia que se está subvirtiendo, poniendo de manifiesto que la imaginación y la transgresión son herramientas mucho más poderosas que el respeto y la urna aislante. Carla Bodoni, como todos y cada uno de los episodios en los que aparece su huella no son sino los parapetos o burladeros diseminados a lo largo de un libro que contribuye como pocos a insuflar aliento a un buen número de parcelas marginales de la historia de la literatura. Sólo dos rendidos amantes de la literatura, como sin duda deben serlo Nacho y Blanca, podrían urdir tamaño disparate, y es encantador que a uno le mientan con tan buen hacer, porque ¿acaso no es eso lo que siempre buscamos en una novela?

Cubierta de Daniel Gil para Tres cuentos en torno a Carla Bodoni, de Roberto Arlt, 1978;  Cubierta de Pierre Faucheux para Deux lettres pour Carla Bodoni, de Eugène Ionesco. Nouvelles  Éditions Tchou, 1988

Hay sin embargo en todo este cúmulo de imposturas otro punto de inflexión más, y atañe, de nuevo, al lugar en el que la ficción interseca con la imagen, asunto de mucho interés para el que esto suscribe. Joan Fontcuberta, fotógrafo, crítico y docente de la fotografía, ha puesto en duda reiteradamente la tradicional correspondencia entre Fotografía y Verdad tal y como la propuso Roland Barthes en La cámara lúcida (1980), tensando o vulnerando abiertamente esa correspondencia barthesiana. Pero creo que entre el polo de la veracidad absoluta y el de la incredulidad que propician las técnicas (manuales o digitales) de retoque, hay un pequeño campo de fuerzas no del todo controlables. Si las revistas, los libros y las fotografías se han ido convirtiendo para la Fundación Rara Avis en imprescindibles subordinados, había de llegar un punto en el que alguna imagen se tomara la revancha reivindicando para sí un estatuto y un margen propio de acción. Y así ha sido. Todas las imágenes que refrendan la existencia de Carla Bodoni son falsas a excepción de una única fotografía: la que abre este artículo. Una fotografía que, como van a comprobar, contra todo pronóstico presta su apoyo a la ficción y abre todas las puertas del misterio. Hace varias semanas solicité expresamente la imagen a la Fundación, y me dieron acceso a ella amablemente, por supuesto, pero también añadieron lo siguiente:

Cuando hace algunos años comenzamos a dar forma al proyecto Rara Avis y a jugar con la delgada línea entre la ficción y la verdad, decidimos crear el personaje de nuestra particular musa vanguardista, Carla Bodoni. El personaje que tratábamos de perfilar requería una imagen de esas que ocultan más de lo que desvelan, así que, tras una larga búsqueda, encontramos en las páginas de Mundo gráfico o de Blanco & negro de 1923 la siguiente imagen, y decidimos adoptar el elegante perfil femenino que aparece en la parte superior de la página.
Por entonces, en 2006, quedó establecido el esquivo rostro de Carla Bodoni. Poco a poco fuimos escribiendo nuestras ficciones disfrazadas de ensayos, incluida la biografía de Carla y su privilegiado protagonismo en París de las vanguardias históricas, que aparece en el epílogo del libro y que enlaza los trece textos precedentes.
Más tarde, en 2008, leyendo la biografía editada por Ariel de Sylvia Beach, heroína literaria sobre la que ya habíamos escrito una impostura, descubrimos la siguiente imagen que nos dejó boquiabiertos y cuyo pie de foto señalaba: “Silvia Beach, Stephen Vincent Benét y una desconocida fotografiados en 1921”. Una desconocida, cuyo improbable aspecto es exactamente igual a nuestra Carla, pulula en 1921 por la Shakespeare & Company y, además, trata de escamotearse del objetivo, y su feroz anonimato es… ¡Emocionante!  En esta constante falsedad en que fundamentamos nuestro trabajo, una verdad tan sorprendente como esta sólo podía considerarse impostura, así que se adaptó perfectamente al espíritu Rara Avis. No sin razón es la única imagen que se ha reproducido en el libro.
Fundación Rara Avis

Rara Avis. Expedientes

Rara Avis: retablo de imposturas / de Ignacio Caballero y Blanca Gago

La Fundación Rara Avis mantiene en Flickr varias galerías con toda su documentación y reclamos publicitarios como el que aparece sobre estas líneas

Acerca de Rrose

https://maquinariadelanube.wordpress.com/595/
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5 respuestas a Carla Bodoni: rara avis

  1. goulue dijo:

    genial post rrose, gracias por descubrirnos esta figura!

  2. Ruth dijo:

    Me suele interesar todo lo que compartes, pero esta entrada me ha encantado especialmente.

  3. Pingback: Carla Bodoni: rara avis « apm65

  4. Ana dijo:

    Ole, ole y ole.

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