Esencia de verbena

Por qué un cortometraje como Esencia de Verbena (Ernesto Giménez Caballero, 1930) aterriza en la maquinaria es bien sencillo: en primer lugar por su singular condición de cinegrafía vanguardista española; en segundo lugar porque contiene una de las pocas apariciones cinematográficas de Ramón Gómez de la Serna; en tercer lugar, como veremos, por cuestiones que atañen a lo puramente accidental.

1. Hay que tener en cuenta que, exceptuando muy honrosas excepciones, el cine de vanguardia español no es abundante. Entiéndaseme bien: aunque algunas de las realizaciones capitales del cine de vanguardia se deben a un genio español como Luis Buñuel (Un perro andaluz, La Edad de Oro), hay que reconocer que la deflagración estética de estos films tuvo su epicentro y su onda expansiva fuera de nuestras fronteras, y fundamentalmente en París. Las tentativas -en territorio español- de realizadores como Edgar Neville o Ernesto Giménez Caballero constituyen episodios brillantes y singulares, pero que de ningún modo alcanzan a conformar un contexto experimental como el francés. Esencia de Verbena es el ejemplo más claro de esto. A medio camino entre el documental costumbrista y las audacias formales de la vanguardia, propone un improvisado equilibrio entre lo popular y lo vanguardista: norias, puestos de churros, gigantes y cabezudos, barracas de feria, toros, pabellones de autómatas, aguardiente, chiquillería… Todo trufado con movimientos de cámara insólitos (tomas desde el tiovivo), diversos trucajes, un montaje rápido aderezado con ciertas rimas visuales, y, en líneas generales, una visión lúdica y vagamente surreal, que puntualmente emparenta con las realizaciones (primas-hermanas) de Man Ray o Hans Richter.

Si no recuerdo mal, la historia de este cortometraje de apenas 12 minutos es un poco accidentada. El metraje fue rodado íntegramente en 1930, pero no se consideró del todo finalizado hasta los años 40, cuando su autor sonorizó la cinta, incluyendo música y una voz en off recitando un texto que a mí me parece de clara influencia ramoniana.

2. Junto con El Orador (1928), Esencia de Verbena es uno de los pocos documentos cinematográficos que nos devuelven al Ramón fulgurante de entreguerras, un gamberro que se mueve en la verbena como Pedro por su casa. Aquí no escucharemos su particular retórica en esa voz engolada de Ministro del Aire, sino que lo veremos bromear, darle una estocada a un toro de cartón, hacer patochadas frente a la cámara (girando el pescuezo como un loco), meterse entre los muñecotes de un tiro al blanco con su sombrero de copa y su cachimba (dispuesto al impacto de las pelotas de trapo, subiendo y bajando con ritmo mecánico) casi como Chaplin en El Circo (1928).

3. Sumado a lo anterior, Esencia de Verbena es un documento de interés casi etnológico. Más allá de la greguerística voz en off de Giménez Caballero, del montaje moderno, y del particular punto de vista de la cinta, nos permite entrever, aquí y allá, a las rollizas jovencitas madrileñas, a los rostros expectantes y un poco envilecidos de los mozos, y en algún momento del film, a bandadas de chiquillos que miran a la cámara exactamente del mismo modo que mirarían un espectáculo más de la verbena (al fin y al cabo también el cine dio sus primeros pasos entre las barracas de feria). No he podido evitar un cierto reflejo a la Rondepierre, y he satisfecho el capricho de congelar algunos fotogramas para observar mejor rostros de viejos, mujeres y niños ¿Quiénes serán?

Una interesante reseña del cortometraje en el blog Circo Méliès

Acerca de Rrose

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Una respuesta a Esencia de verbena

  1. Rrose dijo:

    Estos fueron los comentarios del artículo en su antigua ubicación:

    Pablo dijo
    Hola Rrose
    No tenía ni idea de este film.
    Entre que lo mucho que me fio de tu gusto y que los fotogramas son preciosos tendré que apuntarla para mis futuras tareas audiovisuales.
    ¿Dónde lo has visto? ¿Está editada/colgado/ o todo lo contrario…?
    Cinematográficamente suyo.
    14 Septiembre 2008 | 10:44 PM

    rrose dijo
    Hola Pablo!
    Qué tal?
    ví el corto por primera vez hace un par de años en pantalla grande y quedé completamente prendado. Échele un ojo al emule.
    De usted soy y me retiro ;)
    P.D: le anticipo que en los próximos días (o semanas, a lo más tardar) habrá novedades interesantes para los lectores en relación con el Inventario, ¿de acuerdo? avisado queda…
    14 Septiembre 2008 | 10:54 PM

    El agua inmóvil dijo
    Me ha dado mucha curiosidad, pero más que por el hecho de la vanguardia (si se parece a Man Ray -o en todo caso a Vertov-, pues de seguro será grato verlo una y otra vez), más que por la vanguardia, me da mucha curiosidad por el tipo de registro que Giménez Caballero hizo de su sociedad en su época.
    Creo que mucho del buen cine parte de saber apreciar (primero) y poder capturar (después) momentos irrepetibles de la vida misma. Esos “reportajes” -como los de los Lumiere, por ejemplo- son tan reveladores e impactantes cuando se ven de nuevo… el mejor cine es el que parece que nos hace ver las cosas por primera vez.
    Gracias por el dato.
    23 Septiembre 2008 | 04:07 PM

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