Pierson y la Castiglione: el juego de la locura

Scherzo di Follia (El Juego de la Locura), Pierre-Louis Pierson, 1863-1866

Virginia Elisabetta Luisa Carlotta Antonietta Teresa Maria Oldoïni. Con este nombre fue bautizada en 1837, en Florencia. En 1855 se casó con Francesco Verasis, Conde de Castiglione, adquiriendo así el título de Condesa de Castiglione. Se dice que la Castiglione era ya, con apenas diecisiete años, una muchacha inquieta, cuyo carácter imaginativo y vivaz no encajaba del todo bien con el del conde. El posterior desarrollo de los acontecimientos parece corroborar este dato. Poco después del casamiento el matrimonio viaja a París, pero, alertado quizás por la enorme belleza de la condesa, el Conde de Cavour (ministro de Vittorio Emanuele II y cuñado de aquella), la convence para que, una vez inmersa en el círculo de amistades de Napoleón III, intrigue a favor de la reunificación de Italia. El resultado es que su belleza y su extravagancia (acude a las fiestas con complicados vestidos que emulan roles dramáticos o simbólicos, como su famosa aparición como Reina de Corazones) siembran el escándalo en la corte francesa, y entre 1856 y 1857 se convierte en amante del rey. Su marido entra en cólera y pide el divorcio, pero el romance con Napoleón III es breve y la condesa regresa inmediatamente a Italia. En 1861 se declara la independencia del Reino de Italia, y considerando quizás que sus obligaciones maritales y como estadista ya se habían cumplido, la condesa se instala definitivamente en Francia donde permanece hasta su muerte en 1899, dedicada únicamente a alimentar la leyenda de su belleza. En 1871 juega en la sombra un papel destacado a favor de Francia durante la ocupación prusiana. Se dice que en sus últimos años el narcisismo y la obsesión por la pérdida de su belleza desestabilizan su mente, que vivía sola y recluida, y que todas las habitaciones de su residencia en la Plaza Vendôme estaban forradas con telas negras, lo que daba al lugar un aire funerario.

La llamaron La Loca de la Plaza Vendôme, pero a su muerte los cimientos de la leyenda estaban ya firmemente colocados, no solo por las aventuras inciertas y los hechos totalmente ciertos que se le imputaban, sino porque desde 1856 hasta 1899, es decir, a lo largo de más de cuatro décadas, la condesa se hizo fotografiar en más de 700 ocasiones, dando lugar a un conjunto de imágenes totalmente excepcionales en el ámbito de la fotografía y de la retratística del siglo XIX. El encargado de dar forma a este corpus fotográfico fue Pierre-Louis Pierson (1822-1913), uno de los dos socios de Mayer & Pierson, establecimiento fotográfico de renombre con el que la condesa probablemente entró en contacto a través de Napoleón III. La primera particularidad de estas fotografías consiste precisamente en que lo que Pierson puso en juego fue únicamente su pericia técnica, ya que fue la condesa la que concibió cada una de las imágenes, dando rienda suelta a su imaginación y su desmedido narcisismo, de modo que lo que en sus fotografías encontramos no son meros retratos al uso sino un amplísimo abanico de poses, con todo lo que palabra pose conlleva en relación a la ficción, la teatralidad, y la rigidez, pero también el descaro, la frescura y la inventiva. Cierto es que la Castiglione también se hizo retratar al óleo (George Frederic Watts y Michele Gordigiani la retrataron, respectivamente, en 1857 y 1862), pero cuando la condesa comienza a experimentar de forma intensiva con la fotografía, es decir, en la década de los sesenta, las técnicas fotográficas han logrado reducir enormemente el otrora larguísimo y tedioso periodo de exposición, lo que convierte un objeto todavía de lujo reservado a las clases pudientes como aún lo es la fotografía en el medio idóneo para plasmar con relativa inmediatez sus múltiples y caprichosas facetas, todos los personajes que la condesa estaba dispuesta a encarnar.

Título no identificado, Pierre-Louis Pierson 1861-1867
Venus del espejo, Diego de Silva y Velázquez, 1647-1651

En su mayor parte la originalidad de estos retratos no proviene, sin embargo, de una enorme inventiva personal sino de la capacidad de fijar ante la cámara una serie de roles que provienen de la pintura, de la literatura y sobre todo del teatro y de la ópera, a los que la condesa debía sin duda ser una gran aficionada. El hecho de que en uno de sus retratos pose de perfil (en otros lo hace incluso de espaldas) y que se sirva de un pequeño espejo de mano para devolvernos una intensa mirada, confiere a la imagen una complejidad poco habitual en el retrato fotográfico de la época, pero es posible que la estratagema guarde alguna relación con un famoso cuadro de Velázquez: ese pequeño espejo no solo equipara a la condesa con Venus, la diosa de la belleza y del amor, sino que, en atención al simbolismo tradicional del espejo, lanza un mensaje acerca de la provisionalidad de su legendaria belleza. También nos invita a pensar que podrían ser ciertos los rumores que decían que en los últimos años de su vida no solo las ventanas sino todos los espejos de la mansión donde vivía fueron cegados con telas, de modo que estos no la importunasen con la imagen real de su deterioro físico. Sin duda en su vejez renunció a los espejos para recrearse obsesivamente en la contemplación de la belleza que, como un tesoro había preservado en cientos de fotografías. De hecho, siguiendo una práctica que, aunque relativamente común es hoy poco conocida, la condesa llegó a retocar ella misma sus retratos, añadiendo unos trazos de color.

Fright, Pierre-Louis Pierson, 1861-1867
Dos versiones de Venganza, Pierre-Louis Pierson, 1863-1867

Del mismo modo que las grandes actrices de teatro se hicieron retratar con fines promocionales en sus papeles más famosos, la Castiglione posa orgullosa con trajes y pelucas dieciochescas, con máscaras y trajes de baile; de luto y con velo negro se muestra melancólica, afectada; mística e inocente con hábito blanco, y desbaratada y ligera como una cocotte junto a un velador descuidado. Pero más fascinante aún es cuando alguno de estos roles se incardina con algún suceso concreto en la vida de la condesa: debió ser hacia 1865 cuando el Conde de Castiglione, escandalizado por los rumores acerca de su mujer, le comunica su deseo de hacerse cargo él mismo del hijo de ambos, Giorgio. Por toda respuesta la condesa le envía una fotografía titulada Venganza (1863-1867), donde se muestra con un semblante iracundo, vestida con túnica y abalorios de la antigüedad y portando una daga en la mano derecha. En la fotografía, que para mayor delicadeza y viveza ordenó colorear a mano, escribió la siguiente dedicatoria: “Al Conde de Castiglione, la Reina de Etruria”, es decir, la declaración de guerra o de legítima defensa propia de una auténtica matrona dispuesta a defender hasta la muerte los intereses de su linaje, papel inverso al de Medea, pero con todo el tinte de una tragedia clásica.

Título no identificado, Pierre-Louis Pierson, fecha no identificada; Le pé (El pie), Pierre-Louis Pierson, 1894

Todo lo que hubiera sido posible contextualizar como algo normal en el caso de una actriz profesional solo puede ser inusual tratándose de una condesa que juega con identidades pretéritas para materializar sus propios deseos y sus miedos. Se ha dicho que la Castiglione encontró en la Fotografía un talismán para exorcizar sus temores, pero ¿qué nivel de complicidad fue necesario para construir semejantes imágenes? En varias ocasiones ordenó a Pierson que le fotografiara las piernas y los pies, pero hay que recordar que a finales del siglo XIX la exposición a la vista de los pies desnudos y por extensión de todo aquello que quedara más arriba de los tobillos se consideraba algo totalmente escandaloso, y tanto más obsceno si la persona en cuestión pertenecía, como es el caso de la Castiglione, a la alta aristocracia. No olvidemos el desagrado que produjeron algunos lienzos coetáneos de Courbet, como Las bañistas (1853), en la que una mujer aparecía provista de una desnudez temerariamente real, y –más chocante aún- con los pies sucios, mientras que su acompañante –una sirviente, quizás- mostraba una media caída. Tan peligrosas eran estas fotografías de las piernas de la condesa que la modelo y el fotógrafo se cuidaron mucho de escamotear el rostro (es decir, la identidad) de la mujer que posaba de aquella guisa, y han hecho pensar que quizás utilizó estas imágenes como regalos o como pruebas de amor para sus amantes en el contexto de una relación íntima y secreta. El hecho de que tanto la desnudez parcial como un fingido anonimato concurran en estas fotos me recuerdan aquella entrañable miniatura sobre marfil que la pintora norteamericana Sarah Goodridge (1788-1853) envió como insinuante –y aunque bellísimo, poco sutil- regalo al hombre casado al que amaba cuando éste enviudó.

Beauty revealed, Sarah Goodridge, 1828
Título no identificado, Pierre-Louis Pierson, 1861-1867

¿Debemos contar al mismo Pierson entre los amantes de la Castiglione? es imposible saberlo. En 1913 el poeta simbolista Robert de Montesquiou (1855-1921) publica La Divina Comtesse, fruto al parecer de una obsesión personal y de un proceso de investigación que le había llevado trece años, convirtiéndose para la fecha en el mayor coleccionista de fotografías de la condesa al reunir más de cuatrocientas imágenes. No parece probable que las fotografías de la condesa pudieran influenciar la obra de artistas y fotógrafas posteriores como Claude Cahun, Cindy Sherman, Sophie Calle o Pierre Molinier, y sin embargo son estos los nombres que suelen barajarse en relación con la aportación de la condesa a la historia de la fotografía. También Claude Cahun (1894-1954) volvió una y otra vez sobre su propio cuerpo y sobre su rostro, trastocando esquemas en torno al concepto de género y belleza, acudiendo a la fotografía como un juego privado que, bien andado ya el siglo XX, había de convertirse en parte del imaginario del feminismo y el transgénero. Cindy Sherman (1954) también encontró en su propio cuerpo el modelo y el soporte adecuado para un discurso que, mediante el más puro ejercicio de transformismo (no solo corporal sino también estético), ha investigado la imagen y el rol de la mujer en ámbitos como el cine o la historia del arte.

Títulos no identificados, Pierre-Louis Pierson, 1861-1867 (?)
Sin título (Autorretrato), Claude Cahun, 1929; Untitled Film Still # 13, Cindy Sherman, 1978

Cabe preguntarse si las fotografías de la condesa dan de sí lo suficiente para considerar como tales los dos epígonos anteriores. No hay por el momento modo alguno de ponderar con exactitud el nivel de implicación de la Castiglione en la elaboración de estas fotografías, a excepción del cotejo de documentos y testimonios que solo a sus biógrafos corresponde reunir y contrastar. A su favor debemos contar el enorme volumen de la colección, la gran variedad de poses y situaciones creadas (difícilmente atribuibles a un fotógrafo como Pierson, al que nadie reconocería semejante despliegue de imaginación), y aunque según dicen sus últimos años estuvieron ensombrecidos por la locura, parece probado el dato de que precisamente en esos años la condesa había tomado conciencia de la singularidad y el valor de su obra, llegando a planificar una muestra de sus fotografías en la Exposición Universal de 1900, proyecto fallido debido a su defunción en 1899, con 62 años. ¿Quién dudará, en todo caso, de que el mayor grado de su personalidad creadora se encuentra en una fotografía como El juego de la locura?  En este retrato (¿o autorretrato?), que en comparación con otros parece más bien sencillo y despreocupado, la rigidez, la afectación y la decadencia dejan paso algo mucho más fresco e improvisado, casi infantil. Es de nuevo un marco ovalado el que nos hace llegar la mirada de la condesa, pero no se trata ahora de un objeto comúnmente preñado de simbolismo como un espejo (utilizado aquella otra vez para intermediar a través del reflejo del rostro), sino de un simple marco para fotografías que nos ofrece –de un modo directo- el rostro y al mismo tiempo nos lo oculta seccionándolo, encuadrando y destacando su ojo derecho y por extensión su propia mirada, ofreciéndose como un espejo burlón y redoblado del encuadre al que el visor y el ojo del fotógrafo la está sometiendo, y poniendo en duda a cuál de todas las miradas que entrecruzadamente componen la imagen (la de la modelo, la del fotógrafo, o la de cada uno de nosotros) hay que atribuir en última instancia la magia de la imagen.

Scherzo di follia, Pierre-Louis Pierson, 1863-1866 (reimpresión ca. 1930)

Más información en:

Wikipedia

“La Divina Comtesse”: Exposición en el Metropolitan de Nueva York

“Pierre-Louis Pierson and The Countess de Castiglione: Portrait Photography beyond the Daguerreotypical Ideal”, artículo de Anne Schwarz

Acerca de Rrose

https://maquinariadelanube.wordpress.com/595/
Esta entrada fue publicada en Fotografía y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Pierson y la Castiglione: el juego de la locura

  1. Rrose dijo:

    Nota al margen: he intentado obtener toda la información posible acerca de cada fotografía de Pierson, pero en varias de ellas no he conseguido averiguar ni fecha ni título. La cosa está complicadilla. Emplazo a los lectores para que, si localizan esta información en la web o en alguna publicación me la hagan llegar por aquí, mediante un comentario, de modo que el artículo vaya quedando lo más completo posible. Gracias ;)

  2. Hola aqui dejo la info que he conseguido sobre las fotografias sin fecha, espero que sirva:

    Estas fotografías estan tomadas durante una colaboración de cuarenta años (1856-1895) con el fotógrafo de la corte imperial, Pierre-Louis Pierson (1,822 a 1,913).

    • Rrose dijo:

      Hola Fontanero,
      esta información que nos dejas ya la conocía. El reto está en lograr datar cada fotografía por separado, y en identificar su posible título (ya que algunas fotografías lo tienen). De todas formas, gracias ;)

  3. nieves dijo:

    Increíble Rrose, de veras. Comparto, ok?

  4. Pingback: VIRGINIA OLDOINI, CONDESA DE CASTIGLIONE. La Divina Condesa | VESTUARIO ESCÉNICO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s