Farquhar

Weather pattern (hands on hips), de la serie Nudes in colour, Keith Farquhar, 2009

Se nos olvida siempre que muchos de esos cuerpos claros y severos que la Grecia antigua nos ha legado estuvieron a menudo policromados, igual que olvidamos que no estuvieron nunca destinados a un museo y que habitaron un tiempo de ritos, de mercadería, de fiesta y de comunión. Sabemos que más de una Venus llegó a ser carnalmente amada por sus fogosos dueños porque así lo indica el desgaste de ciertas zonas de su anatomía, franqueándose así las normas del pudor mucho antes de que se inventaran las muñecas hinchables. El mito de Pigmalión recoge precisamente ese ancestral deseo frustrado de dar vida al cuerpo de una fría escultura, de franquear el último límite de la mímesis. Los adolescentes de la Rímini soñada por Fellini en Amarcord (1973) miraban frustrados las colosales nalgas de una figura femenina de bronce en la plaza del pueblo, y es curioso que fueran precisamente los años convulsos de las vanguardias y de las neovanguardias el momento clave en la recuperación de aquel mito griego. Man Ray, pintor de escaso éxito, contrapuso en sus fotografías desnudos reales y blancas esculturas, y con dos meros trazos transformó la espalda de Kiki de Montparnasse en un violonchelo. Luego Yves Klein aplicó sus azules sobre modelos desnudas, y casi al mismo tiempo Piero Manzoni reaccionaba firmando el costado de una modelo de carne y hueso como una obra de arte propia.

Le violon d´Ingres, Man Ray, 1924; Yves Klein preparando una de sus antropometrías, 1960; Piero Manzoni firmando una de sus esculturas vivientes, 1961
White marble effect de la serie Flat-pack Statues, Keith Farquhar, 2009

Cuando Keith Farquhar (Edinburgo,1969) aplica sus colores sobre la piel de modelos vivos, y cuando posteriormente lo fotografía para montar la imagen resultante sobre un soporte plano de cartón (método similar al que todavía se utiliza para reproducir a tamaño natural siluetas de las grandes estrellas de Hollywood), está reviviendo varios episodios célebres de la historia del arte reciente, y está jugando precisamente con los límites que separan la pintura de la fotografía, así como los límites que separan a las artes bidimensionales de la escultura, pero sobre todo está ofreciéndonos un plato fresco y desenfadado que no conviene condimentar con una dosis excesiva de conceptos. Imaginemos por un momento lo que debieron sentir los asistentes a cualquiera de aquellos happenings en los que Yves Klein embadurnaba cuerpos (de mujeres siempre) para obtener sus famosas antropometrías. A pesar de la supuesta complejidad de la propuesta, en su aspecto más inmediato aquello no distaba demasiado de una lucha de barro en un local de mal gusto, aunque para mitigarlo Klein luciera siempre un impoluto traje de etiqueta y una orquesta de cámara acompañara el evento con piezas de música clásica, como si de una elegante reunión de sociedad se tratase. A veces miramos sin ver nada, y yo me pregunto si los músicos de aquella orquesta atinaron con sus partituras y si alguno de los presentes llegó a percatarse de la tremenda comicidad del conjunto y de la sensualidad que impregnaba cada uno de aquellos gestos.

Untitled y Skin condition de la serie Nudes in colour, Keith Farquhar, 2011 y 2010 respectivamente

La etiqueta que deberíamos aplicar a estas obras de Farquhar sería la del body painting, pero me temo que el término se presta a equívoco, porque la historia del desnudo en el arte es un continuo ir y venir de voces y ecos. La historia bíblica proporcionó a Alberto Durero la excusa para pintar dos de los desnudos más famosos de todos los tiempos, sin pensar que luego serían ininterrumpidamente revisitados, hasta el punto de que el mismísimo Marcel Duchamp retomó accidentalmente el motivo, poniendo tanto celo en la verosimilitud de su tableau vivant que decidió rasurarse el pubis. Ambas imágenes resuenan de algún modo en Me and Lucy, una fotografía de 1998 donde Farquhar  sustituyó las clásicas hojas de parra por unos precarios trozos de celofán, y cuyo telón de fondo, a diferencia de los oscuros telones de Durero y de Duchamp, lo constituyen sus propios lienzos, habitados por formas de colores brillantes similares a los que ahora aplica sobre sus modelos desnudos.

Eva y Adán, Alberto Durero, 1507
Marcel Duchamp y Bronja Perlmutter en Relache, de Francis Picabia y Erik Satie, 1924
Me and Lucy, Keith Farquhar, 1998

Si echa una ojeada a la obra previa de Farquhar encontrará, entre otras cosas, esculturas en neón que reproducen vulvas de colores, y un uso recurrente de la ropa juvenil como materia prima. Intuyo que estos Desnudos en Color y estas Flat-pack Statues, siendo ejemplo de una técnica cuidada y no exenta de referencias, deben menos a la densidad del arte conceptual que al hedonismo y a la acidez del arte pop, sobre todo teniendo en cuenta que, ya en el agitado panorama artístico de los años sesenta estas escuelas no estuvieron nunca del todo separadas. El ámbito de la cultura pop, efímero por definición, apela siempre a sensaciones inmediatas, y quizás lo que estas imágenes despiertan es precisamente ese deseo aún no reprimido en los niños pequeños de jugar con la pintura sin atención a ningún marco, sin esos límites entre la obra y el propio cuerpo que el mundo occidental aplica en detrimento de lo que es habitual en otras latitudes. Como único atributo alguna vez los modelos de Farquhar portan una guitarra eléctrica o una espada de juguete ¿Son estos los nuevos perseos, los peterpanes del britpop? Porque incluso cuando la piel se convierte en soporte de eslóganes y marcas, esto no desactiva la sensualidad de las imágenes, y me refiero a la sensualidad de los colores que estallan desordenados y brillantes, pero también a la sensualidad de unos cuerpos tan bellos como imperfectos y únicos.

Here comes the warm jets, de la serie Skin texts, Keith Farquhar, 2009

Todas las imágenes provienen de la Página web de Keith Farquhar

Here come the warm jets (así debería sonar este post)

(Más desnudos entre la pintura y la fotografía en El juego de Lallemand)

Y algunas fotografías de Marlies Plank

Acerca de Rrose

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