Keaton en su laberinto

Kenneth Anger reunió en Hollywood Babylon (1959) la historia subterránea de la gran fábrica de sueños. Con aquel libro Anger delimitaba una mancha ulcerosa en la mejilla de un rostro perfecto y vaporoso, y sacaba a la luz algo así como el reverso pegajoso y sucio de una fotografía adherida durante muchos años en la pared de un dormitorio. Se trataba del desescombro de actores y actrices que, bajo la apariencia propia del star system, ocultaban a borrachos, homicidas, drogadictos, suicidas y pervertidos sexuales. Buster Keaton no apareció en aquel tratado de la infamia sino a través de su buen amigo Fatty Roscoe Arbuckle. Fatty fue un exitoso cómico de cine mudo hoy poco conocido, lo que se debe sin duda a que fue ejemplar y clamorosamente condenado bajo la acusación de violar a una chica con una botella de champán hasta la muerte en una fiesta improvisada donde el alcohol lo empapó todo. Buster Keaton se encontraba en aquella fiesta, pero salió limpio de aquello, y Anger no recogió en su libro nada acerca de la faceta más oscura del rival de Chaplin. Quizás la infamia de Keaton no estaba a la altura de la de otras celebrities. De hecho, no hay demasiados datos al respecto (al menos en la bibliografía en castellano de que disponemos en este momento) y a menudo los biógrafos y críticos pasan por alto una etapa de brutal perdidumbre personal reflejada en un periodo particularmente desastroso de su filmografía.

Murnau afirmó que el cine sonoro había llegado “demasiado pronto”, es decir, justo cuando empezaban a explorarse a fondo todas las posibilidades de un nuevo lenguaje puramente visual. Al César lo que es del César: Chaplin, tras muchas reticencias, supo hacerse al nuevo contexto. Pero Keaton no supo, o no pudo, porque la situación profesional de ambos era diametralmente opuesta: Chaplin había ganado su independencia creativa por medio de una metódica y cuidadosa independencia económica desde el inicio de su carrera; Keaton, en cambio, no es un hombre de negocios, y ve como, tras una etapa de esplendor, sus contratos de trabajo le llevan de una productora a otra, asignado a producciones mediocres donde su talento le servía de muy poco, a veces incluso como comparsa de actores no especialmente brillantes. Además, desde finales de los años veinte arrastra problemas conyugales, y el alcohol y el bridge se convierten en su refugio. En 1932 su mujer, Natalie Talmadge, se marcha de casa llevándose a los dos hijos del matrimonio. En un arrebato de ira, Keaton sale en busca de Natalie y le sustrae los niños en un descuido de la madre. El divorcio se resuelve en los tribunales: Keaton no solo pierde la custodia de sus hijos sino que ve su patrimonio (uno de los más inmensos de Hollywood) reducido a la nada.

Las tres películas que hice con [Jimmy] Durante fueron El amante improvisado, Piernas de perfil y What, No Beer?, por ese orden. Hice esta última borracho al cien por cien, justo después de que mi mujer se divorciara de mí. Intentaba ahogar mis penas e infortunios todas las noches. Era la única forma de quedarme dormido. Pero un fin de semana en que absorbí cantidades de whisky inusualmente grandes fui incapaz de dormir un segundo. (…). Los dos peores años de mi vida fueron de 1933 a 1935. Empecé a pegarle fuerte a la bebida después de regresar de Florida y, en poco tiempo, tuve un mal caso de delirium tremens. No sé por qué digo mal caso, ya que jamás he oído de un buen caso de delirium tremens. (…). Durante aquellos dos aciagos años hice largometrajes en México, Inglaterra y Francia. Ninguno de ellos bueno, ya que en ninguno de estos tres países el productor tenía el suficiente dinero para financiar una producción adecuada. Y ya habían pasado los tiempos en los que el público iba a ver una película con accesorios y trabajo de cámara de inferior calidad y, en general, producción pobre. En medio de aquellas desgracias profesionales, yo seguía bebiendo como una esponja. En una ocasión me llevaron a un sanatorio con una camisa de fuerza, y por dos veces me dieron una cura Keely, o algo muy parecido.

Keaton, Buster. Slapstick: memorias en colaboración con Charles Samuels

La escasez de datos acerca de este periodo biográfico solo puede conducirnos al perfil de un vacío. Particularmente, creo que no me ha movido nunca la curiosidad morbosa, sino la más absoluta perplejidad, la necesidad de comprender. Adoro a Buster Keaton y he visto sus cortos y sus largometrajes montones de veces, pero la primera vez que leí sobre la caída de Keaton no podía creerlo, y ahora me gustaría explicar por qué. En realidad, es esto lo único que realmente deseo decir acerca de Keaton, a pesar de la larga introducción. Y es que si la caída de Keaton es trágica y decepcionante, se trata de un hecho que no pone en juego la misma decepción que nos produciría cualquier otra estrella de Hollywood. Esto se debe a que, en relación a la particular naturaleza del mito keatoniano, su caída se dibuja como un hecho muy triste, sí, pero paradójicamente coherente. Y no porque la caída (la caída, el resbalón) sea un recurso básico del slapstick en general y claramente de Keaton en particular, sino porque la caída personal de Keaton viene por igual a romper y a soldar firmemente el mito keatoniano.

El signo de Keaton es el signo de la determinación: un rostro duro, casi inerte, acoplado sin embargo a un cuerpo atlético, inquieto y extremadamente poderoso. El rostro y el cuerpo de Keaton eran instrumentos excepcionalmente bien templados. Sus músculos son certeros hasta lo increíble, y su táctica, matemáticamente calculada, no pasaba por el sentimentalismo ni por la piedad típicamente chapliniana. Francisco Umbral dijo que el rostro de Keaton era como un Mondrian o un Paul Klee. Yo digo que Keaton supo ser un cómico suprematista, y que por ello sus golpes de efecto son hilarantes y devastadores. En lo estrictamente cinematográfico, las dotes de Keaton como realizador son notables, pero es tan higiénica su pantomima que lo que el actor finalmente transmite es una sustancia de una pureza muy poco común. Y es por eso que la arenga visual de Keaton, metódicamente construida a lo largo de toda su filmografía muda, no es una prosa conmovedora, sino un único verso que permanece. Así pues, ¿Cómo podría venirse abajo la calculada estructura de un Mondrian?

Pocos han sabido desglosar a Keaton con mejor puntería que Marcel Oms. El crítico francés solo necesitó cinco páginas para explicar el engranaje poético de su obra en un brevísimo y delicioso ensayo titulado La palabra auténtica del hombre es la última. En aquel texto, Oms daba la pista de una constante keatoniana que posteriormente escuché a Carlos Colón Perales denominar libremente como La Solución Keaton. No consiste esta constante sino en el hallazgo de una vía absolutamente original e inesperada para resolver el conflicto planteado en pantalla, ya se trate de uno o varios obstáculos pequeños o del nudo primordial de cada una de sus cintas: salvar a la chica, conseguir a la chica. El delirante engranaje keatoniano se pone siempre en marcha para escapar del peligro más terrible y alcanzar esa recompensa que nunca jamás parece estar destinada a la heterodoxia de nuestro héroe. Y si la mecánica repetida nos dice que Keaton, ineludiblemente, saldrá vencedor, nunca podremos imaginar de qué modo ocurrirá esto.

Aplastado por el decorado, ahogado por las circunstancias, arrastrado por el remolino, movido por las olas como una pelota, anonadado en las espirales de un ciclón, Buster emerge, lucha, sobrevive y triunfa. Todas estas calamidades realzan el mérito del héroe: amenazado de ser irremediablemente destruido, Keaton no ha sido vencido jamás. El hombre keatoniano no se realiza si no es en el riesgo inmenso de desaparecer.
Oms, Marcel. Buster Keaton. Barcelona: Tusquets, 1969. (la cursiva es mía)

En el centro de su biografía, Buster Keaton atravesó, como Dante, su propio infierno (no existe purgatorio más terrible que el propio), lo que incluyó un segundo matrimonio abocado al fracaso (con huida a México incluida), y un tercero que, ese sí, sería el definitivo. En la década de los cincuenta y los sesenta Keaton es una silueta entrañable que realiza cameos en grandes producciones como Sunset Boulevard (1950) y Limelight (1952), pero que en realidad se mantiene gracias a las producciones televisivas donde aterrizan las viejas estrellas venidas a menos como él. Hay un chispazo final en su filmografía, y es su azarosa participación en una pieza de arte y ensayo de Samuel Beckett titulada Film (1965). Keaton no entendió una sola palabra de aquel proyecto, pero su aportación fue enorme a aquel cortometraje raro del que pocos se acordarían de no ser por la inigualable presencia de Keaton en él. Sin embargo, el auténtico golpe de efecto final de Keaton se relaciona con su muerte, y probablemente es, como la mayor parte de las anécdotas de este tipo, apócrifa. La recoge Minguet Batllori en su monografía (2008) sobre el cómico, el cual a su vez lo ha espigado de El traje de los domingos (1995), de Vila-Matas:

Una tontería hecha a conciencia fue la de Buster Keaton en su lecho de muerte. Si mis fuentes son veraces el actor cómico tuvo una muerte ejemplar. Alguien, junto a su cama de enfermo, observó: “Ya no vive”. “Para saberlo (respondió otro), hay que tocarle los pies. La gente muere con los pies fríos”. “Juana de Arco no”, dijo Buster Keaton, y quedó muerto.

The Damfinos: The International Buster Keaton Society

Una parte importante de las imágenes provienen de la web de Dr. Macro

Acerca de Rrose

https://maquinariadelanube.wordpress.com/595/
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2 respuestas a Keaton en su laberinto

  1. Rrose dijo:

    Estos fueron los comentarios del artículo en su antigua ubicación:

    Bashevis dijo
    Otro Keatoniano para la causa.
    Caídas, si. También en su día me sumergí en alguna ruina ajena… la de Melies me resulta igualmente increíble, “no podía creerlo, y ahora me gustaría explicar por qué”…
    Salud rrose
    3 Enero 2010 | 11:20 PM

    Clara Santafé dijo
    Pues sí… definitivamente este es el blog que yo hubiera querido tener… :)
    Por cierto, no sé si recordarás que hace un tiempo me dijiste que estaría bien que recopilara todos mis poemas sobre el porno y los editara.
    Así ha sucedido y el resultado es una plaquette que se llama “Ángel París”.
    Si te apetece que te la haga llegar, por mí encantada.
    Un besito
    4 Enero 2010 | 09:41 PM

    rrose dijo
    Hola Clara,
    sí! me acuerdo perfectamente! y también sé que te lo han editado! Lo que no sé es si lo leí en tu blog (paso de vez en cuando) o en Facebook, pero me produjo mucha satisfacción verlo materializado. No sé muy bien cómo conseguirlo, de modo que te agradezco mucho tu ofrecimiento. Besos de vuelta :)
    Bashevis, solo te digo una cosa:
    SALUD Y CINE ;)
    4 Enero 2010 | 10:26 PM

    pablo dijo
    Hola Rrose
    Grande Keaton.
    Resulta sorprendente la frescura que los filmes del gélido Keaton desprenden actualmente y todo ello con un sistema de rodaje bastante aburrido y repetitivo. Tanto Keaton como Chaplin eran conocidos por hacer infinidad de tomas y por ser unos histéricos perfeccionistas.
    De hecho los presupuestos de las películas de Keaton eran bestiales para la epoca. Como dices le falto un poco de independencia, o dicho en palabras hollywodienses, un gran taquillazo, para poder pasar la travesía del sonoro.
    De la fiesta que hablas con el señor Fatty, Chaplin también estuvo presente.
    Además del hipnótico Film de Becket también reseñaría su breve aparición en Candilejas, que casi parece una esquela. Y, claro, un homenaje. Hace poco la volvieron a poner en la filmoteca e hice la gilipollez de perdermela.
    He recordado el libro de Guarner sobre Keaton. Y las divertidas luchas en el seno del surrealismo por el duo Chaplin- Keaton, que son como la primera versión del Beatles-rolling de nuestros días.
    Un abrazo y buen año.
    5 Enero 2010 | 09:50 AM

    Atalanta dijo
    Como siempre, interesantísimo texto. Genial “carapalo”, como lo llama siempre un amiguete.
    Respecto a las historias de desenfreno de la corte de ESTRELLAS de verdad (los de desués son otra cosa), hace poco me enteré como Hearst, el magnate en cuya vida está basada “Ciudadano Kane”, amenazó con desvelar todos esos escándalos en caso de que se estrenara la película por la RKO. Afortunadamente fracasó. Una pregunta,como lo hemos escuchado tantas veces…. ¿en todas las fiestas Errol Flyn tocaba el piano con el pene? ¿Lo hacía tantas veces que ya nadie le hacía ni caso? :)
    Nunca un cameo tuvo tanto sentido como el suyo en “El Crepúsculo de los dioses”, la maravillosa película de Wilder que mencionaste.
    7 Enero 2010 | 04:27 PM

    rrose dijo
    Hola Pablo,
    sí, quizás la realización no sea muy audaz, pero es muy efectiva, porque todo está al servicio del elemento principal, que es siempre el gag. En comparación con el primer slapstick, que solo contenía carreras, saltos, y una serie de lugares comunes, el de Buster era tremendamete sofisticado.
    Me falta “Holywood Babilonia” en mi biblioteca particular, así que es posible que haya equivocado algún dato sobre Anger. Por ejemplo, no recordaba la presencia de Chaplin en esa fiesta.
    Estoy haciendo recuento (1,2,3…) y no recuerdo ese libro de Guarner que dices. Tendré que buscarlo!!!
    Respecto al binomio Chaplin-Keaton, debo decir que no soy una persona que alimente debates polarizados, pero mi dictamen esta vez es claro: me gusta mucho Chaplin, pero mi corazón estará siempre con Buster! Creo que si fuera una chica estaría perdidamente enamorada de él.
    otro abrazo para tí y Feliz 2010 ;)
    7 Enero 2010 | 06:03 PM

    rrose dijo
    Hola Atalanta,
    no recuerdo de dónde proviene el dato, pero sí, yo concedería bastante crédito al asunto Hearst. Basura había de sobra para chantajear y para tirar de la manta. También hay mucha literatura (o quizás, mucho cine) al respecto, pero sin duda fue un capitulo interesante: el cine contra el poder. Al menos una vez.
    Respecto al pene de Errol Flynn… unos dicen que tocaba el piano y otros que tocaba el tambor, pero yo diría que desde luego tocaba algo. Vaya prenda debía ser. ¿Lo cuenta Anger? Tendré que comprar el libro, jajajaja
    Y es cierto lo del cameo de Buster en El Crepúsculo. Si no recuerdo mal, es una aparición muy muy breve, pero muy muy triste. Ahí, jugando al bridge con el resto del grupo de momias…
    Saludos ;)
    7 Enero 2010 | 06:11 PM

    pablo dijo
    Este es el libro:
    http://www.anagrama-ed.es/titulo/CA__32
    Como casi todos los de esa colección es difícil de cazar, pero muy recomendable.
    Yo creo que lo lei en tiempos universitarios, por la biblioteca de Conde Duque.
    No digo que la realización, o las ideas y puesta en escena no sean audacez. Lo que recalco es que muchas veces sorprende como un resultado tan ágil y parentemente liviano se adquiere desde formas tan rígidas. El concepto de improvisación en estos maestros cómicos es inexistente.
    No hay azar sino ensayo tras ensayo.
    No hay un apice de desorden en sus rodajes, no cómo por ejemplo en un rodaje de los Marx.
    Si lo piensas los cómicos por excelencia siempre parten de estructuras hiperrígidas. Añado aquí a Lloyd, y a Tati. Y a los innumerables hijos bastardos del tipo Punch drunk love
    La comedia es un asunto muy serio.
    Yo soy Chapliniano. Por razones demasiado extensas para un comentario de post. Pero si se lesionara sacaría a Keaton al campo.
    Tengo muy mal recuerdo del libro de Anger. Mucho cotilleo y pocas nueces.
    8 Enero 2010 | 10:34 AM

    rrose dijo
    Ah, bien Pablo, ahora te entiendo mucho mejor. De hecho estoy completamente de acuerdo en lo que dices sobre la rigidez de la preparación y el efecto de sorpresa en el espectador. Por supuesto, nada de azar, o al menos nunca en el momento de rodar.
    Me encanta el título del libro de Guarner. Ojalá me lo cruce algún día. El de Oms, por ejemplo, solo consigo localizarlo en librerías “de viejo on-line” (curiosa paradoja).
    Y no, el libro de Anger no aporta gran cosa a la historia del cine. De hecho, quizás he transmitido una sensación un poco errónea con mis palabras: en realidad la innumerable sucesión de cotilleos que contiene no me arrebató mucho que digamos. Me acerqué a él buscando datos sobre Keaton, y como no los encontré… Pero en cualquier caso no deja de ser una fuente curiosa.
    Salud y Cine! ;)
    8 Enero 2010 | 08:12 PM

    LA ESFERA PARALELA dijo
    Enhorabuena… Ya se echaba en falta la figura de Keaton y su mundo tan especial y tan cercano a lo que sueles mostrar en tu blog… Tras tantos años siguen asombrando sus ocurrencias y originalidad… Siempre fresco y exacto… Desde luego nadie se deja arrojar una pesadísima fachada de madera sobre la cabeza, ni se sienta sobre las ruedas de un tren de vapor en marcha sin haber realizado meticulosos cálculos y decenas de ensayos.
    Fue y es único.
    Saludos
    8 Enero 2010 | 09:02 PM

    dante b dijo
    precioso blog
    precioso post
    10 Enero 2010 | 12:26 PM

    Javi. dijo
    Al hilo de esa comparación Chaplin – Keaton con Stones – beatles. Creo que Keaton seria como los Beach Boys y Chaplin los Beatles.
    Solo hay que ver quienes beben de uno y de otro, musicalmente pasa igual, los grupos mas vanguardistas en el terreno “pop” maman de Beach Boys y el resto, practicamente todos, de los Beatles. En el cine es igual.
    Me pasa como a tí, me encanta Chaplin (el final de luces de ciudad es inigualable), pero siempre estaré del lado de Keaton.
    Un saludo.
    10 Enero 2010 | 06:12 PM

    LA ESFERA PARALELA dijo
    Pienso qe el cameo entre Chaplin y Keaton se dió en TIEMPOS MODERNOS. Al parecer Keaton debía salir tres minutos junto a Chaplin, liados ambos entre las maquinarias, como parece que Keaton se comía con su presencia al mismo Chaplin, éste le corto dos minutos de su actuación…
    Espero no equivocarme, pero así me lo contaron…
    10 Enero 2010 | 10:58 PM

    rrose dijo
    Ah, pues no tengo ninguna noticia de esto que nos cuentas. Yo desde luego no recuerdo a Keaton en esa secuencia…
    Habrá que revisarlo con lupa, jeje
    11 Enero 2010 | 12:51 AM

    Llosef dijo
    Muy buen artículo, Rrose: llega al corazón de los que amamos a Keaton. ¡Gracias!
    La anécdota acerca del cameo de Keaton en una película de Chaplin se cuenta de CANDILEJAS.
    Kenneth Anger, además de escritor y cineasta, es también satanista, antiguo amigo de Anton LaVey (sí, de estos satanistas como de cachondeo) y admirador, como todos ellos, de Aleister Crowley, que parece que es el único medio serio. Ojo, que digo parece, no que lo sea, jeje.
    Anger escribió sus dos tomos de cotilleos rosa, “Hollywood Babilonia”, haciéndose eco de todos los cotilleos más malsanos que siempre habían circulado por Hollywood. Leer los dos libros es francamente muy divertido, pero se les debe tener la misma credibilidad que a los cosas que se sueltan en cualquier programa de cotilleos de la televisión de ahora.
    Además, en el fondo los libros despiden un hedor reaccionario de cuidado, pues siempre defiende la versión derechista de todos los que criticaban el desfase del Hollywood de finales de los 20 y primeros 30, en realidad grandes partidarios de fomentar o directamente inventar barbaridades con el fin de escandalizar y acabar con aquellas “inmoralidades”. El objetivo satánico de Anger era demostrar que el infierno ya estaba en la tierra. En fin…
    Su versión del suceso Fatty Arbuckle es la oficial según la prensa reaccionaria y los sectores más derechistas del Hollywood de la época, justo aquellos que nunca contaron cómo Fatty salió absuelto del juicio. Un juicio que no fue sino una caza de brujas. Keaton habla de esto en sus memorias, lamentándose de cómo los sectores más reaccionarios de la industria castigaron en la figura de Fatty todo aquello que no les gustaba de Hollywood.
    Budd Schulberg, en su libro “De cine”, también habla un poco de Fatty Arbuckle. Cuenta de su éxito y posterior caída gracias al escándalo. De éste en sí, muy poco: se limita a decir que salió absuelto, dando por descontado que todo fue un montaje orquestado para atacar el sector más “liberal” industria.
    Bueno, perdón por este rollo.
    ¡Saludos!
    Llosef
    15 Enero 2010 | 09:59 AM

    Rr dijo
    Hola Llosef,
    Reconozco que todo el asunto de Anger y su Babilonia tiene mucha manteca, pero al fin y al cabo, para este texto mío, solo me interesaba de pasada. De todos modos, ofreces muchas puntualizaciones interesantes, y no son un rollo, todo lo contrario, creo que vienen muy bien, y estoy de acuerdo con todas o casi todas.
    Recuerdo que en su autobiografía Keaton se esfuerza por dejar en buen lugar a Fatty, y es un episodio realmente muy interesante, no solo de ese libro, sino de la historia de Hollywood, osea, que ilustra bastante bien modo en que se movían los círculos de poder y como instrumentalizaban sus objetivos. Quizás es interesante que se haya sacado a colación “Sunset Boulevard”, porque sin ser un film centrado esta cuestión, sí que la trata de forma bastante directa.
    Gracias por tu aportación y hasta pronto! ;)
    15 Enero 2010 | 01:36 PM

  2. Lo Leo Luego dijo:

    Dado su interés, este artículo ha sido incluido en Lo Leo Luego http://loleoluego.tumblr.com/ (recopilatorio de artículos y reportajes interesanter para leer con mucha calma) con fecha de 23 de Febrero.

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