Los rostros de Georges Franju

En las últimas semanas he estado revisando la filmografía de Georges Franju (1912-1987), un director al que tenía en lista de espera desde hace años. La cita era obligada, porque este señor fue nada más y nada menos que el cofundador, junto a Henri Langlois en 1935, de la Cinemateca Francesa. No tenía ninguna idea predeterminada acerca de sus películas, pero me ha parecido encontrar en ellas una constante –entre otras muchas posibles- que gira en torno al rostro y a la capacidad perturbadora que conllevan sus mutaciones. Si bien la cuestión ya cuenta con una amplísimo desarrollo en las artes visuales de innumerables épocas y culturas, la reiteración de algunos recursos que operan sobre la capacidad expresiva del rostro y de la mirada constituye el pilar central de Les yeux sans visage (Los ojos sin rostro, 1959). Esta es probablemente la obra más conocida de Franju, y una de las cintas de terror más celebradas de todos los tiempos, pero el tema del rostro también pivota y asoma anecdóticamente en otros de sus filmes como Le Grand Méliès (1952), Judex (1963), y Nuits rouges (1974).

Fotograma de Les yeux sans visage, Georges Franju, 1960

Pocas películas han abordado la cuestión del rostro con la capacidad perturbadora de un filme como Los ojos sin rostro, y esto no tanto por una fotografía espectacular o un enorme despliege escenográfico o de medios, sino gracias a una serie de recursos bastante sencillos. La ocultación del rostro de la protagonista bajo una límpida e inexpresiva máscara blanca desencadena un juego asociaciones en la mente del espectador, no sabiendo que es más terrorífico, si el rostro real, deformado de la joven (que nunca llegaremos a ver en la cinta) o esa faz lívida que deja a la imaginación la tarea de emplazar en su lugar el más repugnate de los rostros que quepa en el subsconciente del espectador.

Fotograma de Les yeux sans visage, Georges Franju, 1960

La trama detectivesca o de suspense, con momentos de verdadero terror, lleva implícita una incómoda reflexión sobre la interrelación entre rostro e identidad. Deformada tras un accidente automovilístico, Edna, la hija de un afamado cirujano, se prestará a las sucesivas tentativas de recibir, por injerto, una nueva epidermis, pero tanto la traumática pérdida de su rostro e identidad original (hasta el punto de verse obligada por su padre a aceptar la idea de su muerte oficial y una falsa inhumación), así como el intento de aceptar nuevas identidades mediante sucesivos injertos solo pueden desembocar en la locura y la muerte. La cuestión toma tintes psicoanalíticos si tenemos en cuenta que se trata además de una relación padre-hija que pone en juego relaciones de afecto y sentimientos de culpa que alcanzan lo destructivo, cuestiones que Ingmar Bergman, por ejemplo, abordaría bajo otros presupuestos.

Fotograma de Les yeux sans visage, Georges Franju, 1960

La secuencia final del film en la que Edna, sumida en una especie de delirio homicida, se interna en el bosque acompañada de las palomas y los perros a los que ella misma ha liberado de su cautiverio, emparentan directamente la imaginería de Franju con la del Surrealismo. Esto es algo que se advierte como un eco en su obra ya desde ese soberbio y perturbador primer documental titulado Le sang des bêtes (1949), y que se reproducirá de nuevo en torno al rostro en Judex (1963).

Fotograma de Judex, Georges Franju, 1963

No carece de efecto la proximidad de Franju a un personaje como Henri Langlois (1914-1977). El amor al cine, a la historia del cine, y a la historia del cine francés sobre todo, es evidente en Judex, una digna recreación de los seriales de cine mudo de Louis Feuillade (1873-1925) que Franju retoma a modo de homenaje. Uno de los puntos culminantes del film lo constituye una escena sin diálogos, acompañada únicamente por la magnífica música de Maurice Jarre: Judex, héroe justiciero, cubierto con una capucha en forma de cabeza de pájaro penetra inadvertidamente en la fiesta de máscaras de un magnate corrupto, y realiza ante el atónito auditorio varios juegos de magia consistentes en hacer aparecer palomas de sus manos (no olvidemos las palomas liberadas por Edna en Les Yeux sans visage). La imagen retrotrae, automáticamente, a los enigmáticos hombres con cabeza de pájaro que pululan en ciertos collages de Max Ernst.

Dos collages de Une semaine de bonté, Max Ernst, 1934

Estos collages de Ernst y esas cabezas de identidad dislocada anticipan un mecanismo de traslación icónica con enorme repercusión posterior y de la cual el cine de Franju es tan solo un eslabón más. Por otro lado, la poética ernstiana en la citada escena de su Judex, no se detecta únicamente en esas cabezas de pájaro: también en esos interiores de aire refinado y de época que retrotraen a su vez al Judex de Louis Feuillade rodado originalmente en 1916. Franju retomaría la figura del héroe enmascarado en una de sus últimas producciones.

Dos fotogramas de Nuits rouges (aka Shadowman), Georges Franju, 1974

Pero volvamos ahora hacia atrás, algunos años más atrás. Se trata de una brevísima escena en Le Grand Méliès (1952), esa pequeña obra maestra del cine que Franju perjeñó como homenaje al inmarcesible Méliès. En la escena en cuestión, el mago y cineasta, muy viejo ya, se encuentra atendiendo su pequeño puesto de juguetes y chucherías en la estación de Montparnasse. El anciano no puede reprimir sus dotes de mago, de modo que deleita a su reducido auditorio con algunos trucos de magia, y finalmente hace aparecer entre sus dedos un apretado ramo de flores que coloca sobre su rostro, donde queda fijado como si todo su cráneo se hubiera convertido en un ramo de flores.

Fotograma de Le Grand Méliès, Georges Franju, 1952

La imagen parece tener una clara raigambre surrealista, pero la obra que más rapidamente nos trae a la memoria no sería pintada al óleo hasta 1964.

La grand guerre y Le fils de l´homme, René Magritte, ambos de1964

Sea o no cierta aquella afirmación de que en el rostro del hombre habita su espíritu, o que la cara es el espejo del alma, de lo que no cabe duda es de que la distorsión o traslación del rostro tiene un efecto estético y emocional dificilmente despreciable. El inocente truco de magia del mago Franju en Le Grand Méliès se torna terrorífico si, como aquí, opera introduciendo una transmutación del rostro, aunque se trate del rostro de un amable viejecito en un puesto ambulante de juguetes, y aunque la transformación nos devuelva un simple ramo de flores. La reacción que provoca en los niños que le observan será de puro terror.

Acerca de Rrose

https://maquinariadelanube.wordpress.com/595/
Esta entrada fue publicada en Arte, Cine y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Los rostros de Georges Franju

  1. Rrose dijo:

    Estos fueron los comentarios del artículo en su antigua ubicación:

    Roberto Amaba dijo
    Hola, qué tal,
    Un grande Franju, como muy bien apuntas tenía esa extraña capacidad para crear imágenes con aire fantástico dentro de cualquier ambiente cotidiano, la locura (desde “La cabeza contra el muro”) medio enterrada pero siempre presente.
    Genial la recopilación de rostros, yo tengo especial cariño a su película-homenaje a Méliès.
    Un saludo.
    21 Abril 2009 | 06:12 PM

    Guillermus dijo
    Brutal, como siempre. Da gusto que exista un blog con este nivelazo y constancia. Nunca defraudas, nos descubres un montón de cosas intersantes. Muchos periodistas y suplementos culturales de este país podrían tomar ejemplo.
    Un abrazo Rrose!
    24 Abril 2009 | 10:10 AM

    Rr dijo
    Vaya, esto son comentarios y lo demás son tonterías, jejeje…. muchas gracias Roberto y Guillermus. Vosotros si que sois unos cracks!
    Saludos ;)
    25 Abril 2009 | 05:21 PM

    ana dijo
    Me ha encantado¡¡¡¡¡
    como siempre.
    Ya te contaré, tenemos que hablar.
    25 Abril 2009 | 11:09 PM

    Dr Zito dijo
    Fabuloso articulo. Si no le importa me quedo por aqui para chafardear en sus archivos.
    Nos leemos!
    29 Abril 2009 | 01:47 AM

    Señorita Puri dijo
    la primera foto es igualita a eduardo noriega en abre los ojos.
    21 Mayo 2009 | 12:12 PM

    Rr dijo
    Hola Señorita Puri,
    vaya, la similitud es clara. Y hay quien extiende la influencia de esta peli hasta Cronenberg, aunque yo he preferido limitarme a la producción propia de Franju. En cualquier caso todo esto da cuenta de lo feliz que fue el hallazgo de Franju, y de lo escasamente originales que son determinadas producciones de nuestro tiempo.
    Saludos ;)
    21 Mayo 2009 | 01:39 PM

    JF dijo
    Muchísimas gracias por estas recomendiaciones.
    21 Mayo 2009 | 02:53 PM

    Anónimo dijo
    Estupendo artículo. Creo que la hija del afamado cirujano no se llama Edna. Su nombre es Christione. Edna es una de las primeras víctimas de su padre. Enhorabuena por la joya de blog que mantienes.
    12 Febrero 2010 | 06:41 PM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s