L´Orfeo: música y pintura

Cuando escucho una ópera siempre echo en falta los elementos visuales, dramáticos y plásticos que hacen de ella un obra específicamente multidisciplinar. Por eso celebro enormemente la edición de óperas en formato dvd. El dvd me permite escucharlas con una calidad de sonido aceptable, seguir el libreto a través de los subtítulos, y en mi caso particular, analizar con detenimiento la dirección artística, la escenografía y la luminotecnia. Bien es cierto que tampoco constituyen una panacea: alguna vez me he acercado con entusiasmo a ver en dvd una ópera que ya había oído innumerables veces, y he encontrado que la dirección escénica de la obra no estaba, ni mucho menos, al nivel de aquella música de Wagner o de Purcell. Si traigo el Orfeo de Claudio Monteverdi y Jordi Savall a la Maquinaria es precisamente por lo contrario, por su absoluta excepcionalidad en todos los aspectos del montaje.

Jordi Savall ofrece, desde su acostumbrado punto de vista historicista y su confiable criterio, una ejecución impecable de la partitura. Parte del mérito recae en un reparto vocal excelente: Furio Zanasi en el papel Orfeo, Arianna Savall como Euridice, y sobre todo una espectacular Sara Mingardo en el breve rol de Messaggiera. La brillante dirección escénica corre a cargo de Gilbert Deflo, con la ayuda de Albert Faura en la iluminación y de William Orlandi en diseño del vestuario y la escenografía.

Lo primero que llama la atención en esta producción es ver a Jordi Savall dirigirse al foso de la orquesta atravesando el patio de butacas ataviado tal y como suponemos que lo haría un contemporáneo de Monteverdi (aunque en tiempos del compositor no existiera lo que hoy entendemos por director de orquesta). Una parte de los vientos y la percusión se extiende a varios palcos, y la embocadura escénica se desdibuja con varios aditamentos que la enmascaran y se expande en dos prolongaciones laterales transitables y escalonadas que abrazan el espacio que ocupa la orquesta. El tradicional telón de terciopelo rojo ha sido sustituido por un enorme y rígido tapiz de espejos que, sin izar aún, devuelve a la orquesta y al público su propia imagen redoblada y pespunteada por las –sonrientes- luces del patio de butacas del Liceo.

Ni qué decir que el espejo guarda un simbolismo de capital importancia en la estética barroca, considerado habitualmente como una advertencia sobre la vanidad del mundo y la belleza transitoria, temas que entroncan con el argumento del Orfeo. En uno de los extras del dvd, Deflo explica que en la concepción original de la escena estaba su deseo de recrear la Sala degli Specchi del Palacio Ducal de Mantua, donde al parecer la ópera fue estrenada en 1607, e incide en la simbología del espejo destacándolo más bien como puerta de enlace con el mundo de los sueños y lo escatológico, aludiendo incluso a Lewis Carroll y su Alicia en el País de las Maravillas.

Fundamentalmente la obra presenta tres ámbitos escenográficos: Arcadia, el Infierno, y un tercer espacio menos definido desde el que Orfeo parte hacia los cielos en el carro de Apolo. Los tres están resueltos con brillantez, pero mientras el segundo se desenvuelve casi totalmente en la oscuridad y la niebla, el primer y el tercer ámbito destacan por su excelente concepción espacial, su sentido de la perspectiva, dinamismo lumínico, y sobre todo por su relación con referentes pictóricos fácilmente identificables.

En esta Arcadia concebida por Deflo y levantada ante el espectador por Orlandi se deja oir el eco de aquellos lienzos de temática pastoril que inundaron la pintura del clasicismo barroco francés. Me refiero a pintores como Nicolas Poussin (1594-1665) y Claude Lorrain (1602-1682), artistas de origen francés pero cuya obra se desarrolló fundamentalmente en Italia, país al que acudieron para estudiar a los grandes maestros, y donde se empaparon del elevado ambiente intelectual en el que algunas décadas antes se habían gestado obras como L´Orfeo de Monteverdi.

Paisaje con figuras danzando, Claude Lorrain, 1648

Ogni opera d´arte dev´essere come un bel verso, che scorre secondo la migliori consonanze, una apresso l´altra, finché esse giungono a un ben ordinato termine (Toda obra de arte debe ser como un hermoso poema, que fluye a través de las mejores consonancias, hasta que éstas culminan en un bien concertado final)

Así se expresaba el tratadista Daniele Barbaro (1514- 1570) refiriéndose, no a la poesía ni a la música, sino a la arquitectura, y más concretamente al concepto arquitectónico vitrubiano. En los círculos humanistas italianos se especuló abundantemente -y muchas veces desde una base pitagórica- acerca de las interrelaciones entre la arquitectura y la música. Teóricos como Barbaro difundieron la premisa impregnando de paso a pintores y poetas, de tal modo que los poetas hallaron en la pintura un género a imitar, y viceversa. La aparente permeabilidad entre pintura, música y literatura, ya fuera real o imaginada, dio innumerables frutos, y es uno de los factores que explican y dan fundamento a espectáculos de integración de las artes como la incipiente opera (o favola in música como Monteverdi subtituló su Orfeo).

Apolo y las musas en el monte Helion, Claude Lorrain, ca. 1680

Resulta sintomático que L´Orfeo de Monteverdi, considerada la primera ópera de la historia, tenga precisamente al mito órfico como eje central. Orfeo era un semidiós, hijo del dios Apolo y de la musa Calíope, y heredó de ellos los más elevados dones de la música y la poesía. La ópera, que como género surge obedeciendo el deseo de reconstruir lo que los humanistas del siglo XVI entendieron como drama griego, fue en su momento un experimento estético de primer orden, a saber: la unión de la poesía y la música en el transcurso de una pieza con estructura dramática. Para un proyecto así solo se podía recurrir a Orfeo.

Orphée et Eurydice, Nicolas Poussin, ca. 1650-1653

En Mnemosyne (1967), Mario Praz señala que durante su estancia en Roma, Nicolas Poussin se familiarizó con las Institutioni harmoniche del compositor y teórico musical Gioseffo Zarlino (Venecia, 1558):

En este tratado encontró Poussin el fundamento para su manera de pintar, puesto que, según él, la pintura, al igual que la música, debía ser una transposición de los estados de ánimo. En su caso, el precepto de Horacio ut pictura poesis actuaba a la inversa; su credo era ut poesis pictura, y para él, como para Milton, la poesía era ante todo música

Así pues, es muy interesante poder contemplar los frescos (sobre estas líneas) que cubren las paredes de la mítica Sala degli Specchi, cuyo colorido y composición resuenan en la apoteósica escena final del montaje del Liceo, cuando Apolo -encarnación del astro rey- a bordo de un carro y entre complicadas nubes, desciende a la tierra para llevarse con él al inconsolable Orfeo, junto al que canta el primer dueto de la historia de la ópera. Deflo comete la brillante torpeza de mostrar la naturaleza artificiosa y mecánica del efecto, apoyando así una lectura historicista de la escena.

En cualquier caso, no quiero dar a entender que la excepcionalidad de este Orfeo resida únicamente en su historicismo o en una cierta arqueología escénica -que inevitablemente serán siempre falsos- sino en su coherencia con relación al espacio en que se representa (el Liceo: uno de los referentes de la ópera decimonónica), a la visión propiamente historicista –y a la vez recreativa y pulcra- del director musical, y a determinados conceptos estéticos a través de los cuales podría haberse concebido la obra originalmente, dando lugar a un juego de interrelaciones y consonancias particularmente interesantes.

¿No les apetece ver el comienzo de la ópera?

El Orphée de Gluck según Robert Wilson

Acerca de Rrose

https://maquinariadelanube.wordpress.com/595/
Esta entrada fue publicada en Arte, Escena, Música Redonda y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a L´Orfeo: música y pintura

  1. Rrose dijo:

    Estos fueron los comentarios del artículo en su antigua ubicación:

    Selenita dijo
    Maravillosa puesta en escena para este mito de Orfeo que nos descubre el poder de la música en escenarios bucólicos e infernales. Pero en la versión de de la ópera de Striggio-Monteverdi, al igual que en la mayoría de las óperas que tratan este mito, se omite el desenlace final, el descuartizamiento de Orfeo a manos de las Bacantes, seguidoras de Dionisos, porque se sentían rechazadas por él. Lógicamente, la crueldad de la escena invitaba a los autores a que la sustituyeran, pero a la vez empobrecían la fuerza simbólica del mito en el que se trata, en realidad, del conflicto entre dos formas y estilos religiosos que se disputan el poder de la música: Apolo (lira, canto) frente a Dionisos (viento, danza).
    Saludos.
    14 Octubre 2008 | 06:12 PM

    Rr dijo
    Hola Selenita,
    la respuesta a tu comentario no es sencilla. Es cierto que en sus versiones más antiguas, el mito órfico tuvo un desenlace distinto (no lo recuerdo bien, pero algo tenía que ver con esto las “Bacantes” de Eurípides, cierto?), pero creo que hay que desligar el sentido de aquella conclusión salvaje del mito antiguo -que hay que leer a la luz de la religiosidad griega y el sentido último de la tragedia griega- y el sentido estético y humanístico que se le da al mito en el contexto del Renacimiento, que es muy diferente, ¿no te parece?
    Parece lógico que para apoyar un horizonte moral de ecuanimidad y refinamiento, los intelectuales italianos se decantaran por un desenlace mucho más amable y que, si te paras a pensarlo un poco… es casi cristológico (descenso a los infiernos… subida a los cielos…)
    Saludos y muchas gracias por tu apunte ;)
    16 Octubre 2008 | 04:43 PM

    Clara Santafé dijo
    Este blog me lleva fascinando mucho tiempo.
    Un saludo.
    18 Octubre 2008 | 04:01 PM

    Rr dijo
    Hola Clara,
    me alegra que te gusten mis maquinaciones, y veo que has dado buena cuenta de Manuela Gretkowska, jeje…
    (Me suena tu nombre y no sé de qué. ¿Es usted polaca? Echaré un ojo a ese Parque de Atracciones si me lo cruzo un día de estos…)
    Saludos ;)
    20 Octubre 2008 | 05:23 PM

    Malena dijo
    Estoy maravillada con lo que ha escrito sobre esta opera.
    Me llamo Malena y estoy haciendo un trabajo de investigacion sobre la misma opera, pero lamentablemente no he podido verla, mas que algunos pedazos en youtube
    4 Marzo 2009 | 07:16 PM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s