El Aleph de Ramón: Inventario nº 12


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Con la publicación de esta duodécima entrega abandono temporalmente el inventariado hasta el próximo otoño. O lo que es lo mismo: todo está por hacer aún.

Cristo atado a la columna, Vicente Maçip, Iglesia de San Juan en Alba de Tormes (Salamanca), ca. 1535

Este cristo del renacimiento español me acompaña desde que dí comienzo a este inventario demencial. Es un cristo hermoso y dramático, pero completamente mudo, ya que no consigo arrancarle una última verdad. He preguntado a amigos y compañeros, he consultado manuales de arte, he buscado metódicamente y al azar, y no he logrado hallar imagen mejor que ésta tan defectuosa que ven, recortada directamente del panel. Parece que los especialistas se decantan en los últimos tiempos por atribuir el cuadro a Vicente Maçip (1475-1545), progenitor de otro gran pintor del siglo XVI español: Juan de Juanes (1523-1579). La fecha de ejecución no es segura, y esto hace que la autoría del cuadro haya virado del padre al hijo y del hijo al padre según las circunstancias. En reputados manuales la obra no se atribuye ni a uno ni a otro, sino a Luis de Morales El Divino, lo que termina de complicar la cosa, pero es probable que Ramón la tomara como obra de este último, o que simplemente ignorara el autor.

Odalisque I, Horst P. Horst, 1943

No me parece casual que, en el panel, el cristo de Maçip dirija su mirada directamente hacia un par de esplendorosas piernas rematadas por un sombrero. Me temo que Ramón era muy dado a este tipo de coincidencias. En sustitución de esas misteriosas y suculentas piernas que no he localizado, coloco aquí la magnífica Odalisca de Horst (1906-1999), que está situada en la zona derecha del panel, casi recostada sobre una escalinata sembrada de cadáveres. Horst recoge la herencia de Man Ray y todo el sustrato surreal de los años 20 y 30, adaptándolo de forma definitiva al terreno de la moda y el reportaje, cosa que Man Ray solo había hecho ocasionalmente. La sofisticación, la elegancia, el erotismo, la depuración de las formas, y un acertado control de la luz hace de esta fotografía una obra maestra, cuya sensualidad se suma a la infinidad de venus y odaliscas que pueblan el estampario, como las que ya aparecieron, por ejemplo, en el Inventario nº 4.

Fotografía de un reportaje sobre la Masacre de Nankín, autor no identificado, 1937

Pido en primer lugar disculpas por la escasa calidad de la imagen. Me ha sido imposible localizar en la red una imagen mejor (emplazo a cualquiera que lea estas líneas a intentarlo también: un servidor y el resto de inventariófilos se lo agradeceremos). Como Bernardo (la persona que ha identificado la imagen), durante mucho tiempo pensé que se trataría -aún a sabiendas de que no podía ser- de un frame de de la famosa secuencia de las escaleras de Odessa de El acorazado Potemkim (1925). Como bien apunta Bernardo, la imagen es tanto más sobrecogedora cuanto más real. Lo que aquí vemos es una de las instantáneas tomadas durante o inmediatamente después de la tristemente célebre Masacre de Nankín (1937), probablemente el episodio más sanguinario y brutal de la Segunda Guerra chino-japonesa (1937-1945).

Ramón, que debido a su acostumbrada indefinición expresamente política, pero sobre todo a su huída de España tras el estallido de la Guerra Civil, adquirió una cierta aura de escritor aislado en su torreón, hubo de ser, en cambio, un hombre preocupado por los conflictos bélicos de los que, como cualquier otro ciudadano, tuvo noticia. Al menos así lo indica el estampario. En todo caso, no pareció interesarle la guerra en sí (en sus aspectos heróicos o tácticos), sino, muy al contrario, sus efectos devastadores. Ya en el Inventario nº 7  y sobre todo en el nº 9 recogíamos algunas imágenes espigadas por Ramón entre algún reportaje de los daños sufridos por el patrimonio eclesiástico durante la Guerra Civil.

Tanto y más, estampa de Los Desastres de la Guerra, Francisco de Goya, 1810-1815 (no presente en el estampario)

Me parece improbable que, al ver fotografías como la de Nankín, Ramón no recordara alguna de las estampas con los que Goya reflejó sus experiencias durante la Guerra de Independencia. Una constante en los Desastres son precisamente las imágenes de cadáveres amontonados, y lo que particularmente me espeluzna de la conexión entre estas imágenes no es la mera analogía formal, sino la capacidad expresiva del pintor para aquilatar en imágenes plásticamente muy poderosas lo que para él debieron ser fugaces impresiones vividas en primera persona, convertidas por su mano en iconos universales donde lo irracional y lo salvaje de todo conflicto bélico bajo un único sentimiento de denuncia que no entiende de fechas ni de fronteras. Ramón debió advertirlo, no me cabe duda, pero al colocar semejante vomitorio de cadáveres bajo el cuerpo perfecto y sensual de una odalisca trataba también de aislar o reproducir en su particular “laboratorio de imágenes” el horror y la belleza de estar vivo y de asistir, a su manera siempre, a la realidad.

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí, 1931

Es la época de sus ojos sin esclerótica y con el sistema nervioso y muscular a la vista, la época de sus cuadros en ráfaga y el hallazgo de los relojes reblandecidos que señalan las horas fláccidas y por lo que le odian los relojeros suizos que no han podido construirlos en sus talleres. Eleva al cubo lo imaginario, lo obsedante, el gallo, el paraguas, la mesita de luz, la mesa de noche. Dalí practica la realización sublimada de sus deseos, tribulaciones y delicias infantiles. (Lo que más le hubiera gustado ser es canguro y más siendo pintor que no sabe llevar sus cajas y cartapacios.)

(Dalí, 1977)

Fleurs de poète, Henri Rousseau, 1890

Un cuadro de flores puede ser eterno, pero las flores frescas revelan el tiempo que estamos viviendo, el tiempo que vive y muere !apasionado por eso!

(Diario póstumo, 1972)

España, Salvador Dalí, 1938

Cuando Dalí quiso pintar en una explanada la compleja visión de España, el punto central, el ara del conjunto fue una mesilla de noche. (…) La mesilla de noche ha tenido una tremenda importancia para el español como escritorio de sus agonías, como soporte de su libro de cabecera y de sus medicinas, como ese altar del eremita en que están colocadas la cruz y la calavera.

(Nostalgias de Madrid, 1956)

Stefan Zweig y su esposa Lotte, en su lecho de muerte, 1942

Encuentro una similitud –quizás muy subjetiva- entre el rostro exánime de Zweig (como sumido en un ronquido fatal) y el cuadro La persistencia de la memoria, de Dalí (ambas imágenes están juntas en el panel). Sobre todo en lo concerniente a la nariz, el párpado, las fosas nasales y el bigote del escritor, que encuentro parecidos a ese rostro dormido que Dalí pintó a medio camino entre el falo y el percebe. Stefan Zweig llegó a Brasil en 1941, después de pasar por París, Londres, Estados Unidos, Argentina y Paraguay, en una larga huida del nazismo, que vetaba sistemáticamente sus obras. A comienzos de 1942 las dificultades para proseguir su trabajo y el convencimiento de que el eje alemán obtendría la victoria en la guerra habían hundido al escritor en una profunda depresión. El 22 de febrero se suicidaba junto a su última esposa Charlotte Elisabeth Altmann, mediante una sobredosis de barbitúricos, no sin antes escribir varias cartas exponiendo los motivos de su decisión y dejar preparado hasta el último detalle de su entierro y su testamento. Existen innumerables detalles escabrosos acerca del suceso, y parece probado que los cadáveres fueron manipulados para la realización de las fotografías que aparecieron en la prensa en los días siguientes.

Fotografía de la noticia en Revista da Semana, 28 de febrero de 1942 (obsérvense las diferencias respecto a la fotografía anterior)

No hay que descartar que en la imagen Ramón proyectara de algún modo sus propios miedos acerca de él mismo en su condición de exiliado, y su mujer, Luisa. Automoribundia (1948) contiene varios pasajes en los que Ramón pasea su mirada por las fotografías de su despacho. En uno de ellos, escribe:

Por fin abro mis biombos y señalo a la más bella Venus de los harenes, la última fotografía de Stefan Zweig y su mujer, recién suicidados en la cama de su hotel en Brasil, y como tropezamos con una postal de esas cuya dama está dotada de pelo natural digo con cierta sorpresa: – Ya ven, a ésta le ha salido pelo. La exhibición es interminable y por eso me resulta entretenido a través de los días mirar a las paredes de mi secuestronario o antro ilustrado, y por eso precisamente no acaba ahorcándose el escritor.

(Automoribundia, 1948)

Dos anotaciones más. La primera es que, según afirma Ana Ávila en su artículo sobre el despacho de Ramón, éste contaba en su biblioteca al menos con el último libro de Stefan Zweig, dedicado a Brasil, la tierra del futuro (1941). La segunda es que tanto las circunstancias del suicidio como la fotografía de la noticia pudieron despertar en Ramón el recuerdo de una de las escenas más dramáticas de su novelismo. Me refiero al último capítulo de La Nardo (1930), en el que la protagonista decide quitarse la vida junto a su amante en la habitación de un hostal mediante una inyección mortífera:

Veían que el acto perfecto de amor no se realiza sino con la seguridad de no levantarse más. (…) La última cama quedaría deshecha y no serían ellos lo que cerrasen ya el sobre de despedida. La mesilla de noche flotaría sobre la inundación de la muerte. (…) “Los dos en decúbito supino”, dirían al día siguiente los periódicos, hollando la belleza del doble suicidio por amor.

(La Nardo, 1930)

La actriz Theda Bara en una imagen promocional del film A fool there was (1915)

Lo erótico y lo macabro siempre tienen cabida en el estampario. Más que con la cinefilia, esta imagen de la famosa actriz de cine mudo Theda Bara (1885-1955) conecta estrechamente con una amplia serie de imágenes dispersas por todo el estampario en las que el cuerpo femenino queda asociado a la muerte y lo escatológico. Valgan como ejemplo las Deux jeunes filles (1847) de Antoine Wiertz recogido en el Inventario nº 18,  o El caballero, la dama y la muerte (ca. 1505) de Baldung Grien del Inventario nº 2.

Benito Mussolini y Gabriele D´Annunzio en Il Vittoriale, 1925

Ramón conocía la obra de D´annunzio e incluso la había prologado en alguna ocasión, pero hace tiempo que observo esta fotografía y las capas de lectura que encuentro en ella se vuelven cada vez más extrañas y subjetivas. Veamos. En el plano más evidente no deja de ser una imagen dotada de un cierto valor documental: atestigua la recepción que D´annunzio ofreció en 1925 al Duce en Il Vittoriale, una finca a orillas del Lago de Garda donde el escritor italiano pasó sus últimos años hasta su muerte en 1936. Es ese episodio triste y repetido en diversas latitudes y momentos de la historia en el que, alimentando la decepción, un poeta o un artista de talento reconocido, abraza o se deja agasajar por el poder. En el caso del fascismo y el nazismo los ejemplos se multiplican (Marinetti, sin ir más lejos, de cuya figura fue Ramón primer valedor en España, tuvo estrechas relaciones con el fascismo italiano). No olvidemos tampoco la simpatía del Ramón bonaerense hacia el peronismo. Y es materialmente imposible aseverarlo, pero cabe la posibilidad de que la fotografía en cuestión guardara para Ramón alguna relación con aquella otra -recogida en el Inventario nº 15– obtenida con ocasión de su recepción en el Palacio de El Pardo por Francisco Franco.

La última lectura de la imagen es con diferencia la más delirante, y sin lugar a dudas mi preferida. No puedo dejar de mirar esos guantes blancos que llevan los dos personajes sin acordarme del enorme guante blanco con el que Ramón parodió incisiva y socarronamente las artes de los grandes políticos en El Orador (1928), uno de los pocos documentos audiovisuales que de él nos ha llegado.

 

Anne-Louis Girodet, croquis de Napoléon dessiné lors d’une messe au palais de Saint-Cloud (?), 1812

Esta imagen me está provocando un triple dolor de cabeza. Por más que rebusco no logro aclarar todos los datos al respecto. Sobre todo porque por el camino he localizado esta otra imagen:

Al parecer, el pintor Anne-Louis Girodet (1767-1824) realizó unos esbozos del emperador mientras este asistía a misa en el Palacio de Saint-Cloud. Pero ¿Se trataba realmente de una misa o fue más bien una representación teatral, como algunos apuntan? ¿Realizó Girodet tres, o quizás fueron cinco retratos consecutivos? Fuera de duda parece que el emperador se aburría notablemente y debió ofrecer algún que otro ronquido al pintor. No he logrado localizar imágenes de mejor calidad que estas y apenas hay información sobre ellas. Si observan con detenimiento el recorte del estampario creo que coincidirán conmigo en que la triple cabeza de Napoleón que ahí vemos no parece separada de una serie de cinco, y sin embargo parece plausible que algún fotográfo decidiera en algún momento reproducir las tres primeras cabezas por separado. No habiendo más datos de por medio habrá que ser prudente. En todo caso, y sin poder establecer ninguna conexión concreta, no puedo dejar de apuntar muy libremente que el mismo Ramón también acometió en 1937 un retrato triple, pero de Luisa Sofovich, su mujer.



Addenda

El corredor de Palladio de la sorpresa dramática, Salvador Dalí, 1938
Thomas Carlyle, fotografía de autor y fecha no identificados
Arpía perteneciente a un monumento funerario en Kerameikos, Atenas, 300 a.C

El Aleph de Ramón se en cuentra en constante revisión y se compone de las siguientes entregas:

Inventario nº 1 (con Palabras Preliminares)

Inventario nº 2

Inventario nº 3

Inventario nº 4

Inventario nº 5

Inventario nº 6

Inventario nº 7

Inventario nº 8

Inventario nº 9

Inventario nº 10

Inventario nº 11

Inventario nº 12

Inventario nº 13

Inventario nº 14

Inventario nº 15

Inventario nº 16

Inventario nº 17

Inventario nº 18

Inventario nº 19

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Acerca de Rrose

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3 respuestas a El Aleph de Ramón: Inventario nº 12

  1. Rrose dijo:

    Estos fueron los comentarios del artículo en su antigua ubicación:

    pablo dijo
    Hola Rrose
    Por fin se desvela el anunciado suicida del panel ramoniano. Me tenías en ascuas. Cada nuevo inventario veía suicidas por todas partes
    Menuda instantanea. No sabía que existía esa foto. Tan gráfica (es tragigráfica)
    Ni que decir que me hubiera encantado colaborar más en los últimos inventarios, pero es lo que tiene la ignorancia, que te detiene.
    Un abrazo.
    21 Junio 2008 | 05:41 PM

    arati dijo
    Jajaja! Pablo… podría repetir lo mismo pero no decirlo mejor. Suscribo de pe a pa.
    Aunque en esta ocasión !siiiiií! algo puedo aportar, espero.
    En el centro, hacia la parte inferior del panel hay una escultura que, a primer golpe de vista he creído reconocer como un Pazuzu (un demonio babilónico).
    Pero como no es chico sino chica, y aunque no se le vean las alas, esas piernas regordetas y acabadas en garras no dejan lugar a dudas: querido RR lo que tienes en el panel… es una arpía. Sin ánimo de insultar.
    Tal vez incluso se trate de ésta (mis ojos y mi pequeño portátil llegan a lo que llegan):

    Si no lo es, no debe andar lejos.
    Saludos, me voy al videoclub intelectual del barrio a preguntar si tienen Hukkle.
    21 Junio 2008 | 07:42 PM

    ernesto menendez-conde dijo
    Mis saludos,
    Me gusta mucho tu blog. Lo he incluido entre mis favoritos.
    Ernesto.
    http://lapizynube.blogspot.com/
    21 Junio 2008 | 10:02 PM

    rrose dijo
    Hola a todo el mundo,
    Ernesto: encantado de quedar linkado de usted, jeje. He estado dando una vuelta por su blog e incluso le he dejado algún comentario. Tengo pediente leer detenidamente lo de Bernard Berenson.
    Pablo: no era consciente de la expectación que había generado el anuncio del suicidio, jeje. La fotografía efectivamente es impactante. Todos los suicidios son trágicos… pero la muerte de un intelectual y de un pacifista convencido fue un trance bastante duro para el resto de escritores exiliados y para el mundo judío. Más aún en esas fechas.
    Es cierto que en los últimos inventarios ha habido menos aportaciones por vuestra parte, pero me hago cargo de la dificultad. Al ser más “pequeños” los paneles se reducen también las posibilidades de identificar cosas nuevas.
    Veo que ha vuelto enlazarme de un modo muy “excelso” en su artículo sobre Entreacto (es estupendo). Yo a su vez he enlazado su artículo desde el mío sobre Quatorze Juillet.
    Arati: creo que has vuelto a acertar de pleno, y de qué forma! qué escultura tan bonita. Me encanta. Recurriré a tus conocimientos sobre Pazuzus (no acostarse sin haber aprendido algo nuevo!) y Arpías si lo necesito de urgencia en algún momento de la vida. Gracias, el inventario debe mucho a todos los participantes como tú.
    Saludos y gracias a todos
    P.D: en breve tomaré mis obligadas vacaciones veraniegas. La maquinaria reducirá la frecuencia de los artículos, pero se mantendrá -espero- en un elegante stand-by.
    22 Junio 2008 | 12:56 PM

    ernesto menendez-conde dijo
    Nunca habia visto la foto del matrimonio Zweig en su lecho mortuorio. Sospecho que la manipulacion de la imagen que mencionas se debio a la necesidad de cubrir sus cuerpos con una manta.
    Zweig era particularmente detestado por el fascismo. Richard Strauss, que era un hombre muy pudiente, lo ayudo un poco y al final tuvo problemas por resistirse a dejar de usar sus servicios como libretista. Fue el momento en que los nazis convirtieron a Strauss en un Don Nadie (antes habia sido el musico oficial del regimen. Un cargo que asumio en parte para proteger a un nieto judio). Imagino que el musico debio quedarle agradecido a Zweig por este cambio de status social que lo desvinculaba definitivamente del nazismo. Saludos.
    22 Junio 2008 | 06:10 PM

    zazie dijo
    Parabéns. Magnífico trabalho.
    26 Junio 2008 | 10:06 PM

    Rr dijo
    Hola a todos,
    Zazie: gracias a tí. Tu blog es estupendo. Lástima que no entienda mejor el portugués ;)
    Ernesto Menéndez-Conde: La anécdota sobre Richard Strauss que apuntas es cierta. Respecto al tema de los cadáveres en la fotografía…. bueno, no era mi intención abundar en este tema tan morboso, pero daré mi opinión tras algunas lecturas. Creo que cronológicamente la foto de color “blanco” es anterior a la “amarilla”. Se puede comprobar sobre todo en la postura de Charlotte, que originalmente parecía estar tumbada casi boca abajo, y con el brazo echado sobre el pecho/hombro de Stefan. En esa primera foto (la “blanca”), Stefan además está “arropado” hasta el pecho. En la que foto que considero posterior (la “amarilla), el cuerpo de Charlotte ha sido colocado de costado, sin duda para poder fotografiar su rostro, y la mano que descansaba en la almohada y sobre el hombro de Stefan ha sido colocada, muy significativamente, sobre las manos del escritor. Además, las ropas de cama ha sido retirada del pecho del escritor hasta más abajo de la cintura, para que se pueda ver que el escritor se acostó completamente vestido, con corbata y todo.
    El efecto de esa segunda fotografía es mucho más impactante y conmovedor, pero revuelve el estómago pensar que los cadáveres fueron manipulados de ese modo… A mí al menos me estremece…
    Saludos
    28 Junio 2008 | 11:21 AM

    YESSENIA dijo
    ESTAN BIEN LINDAS LAS IMAGENES LA VERDAD ME GUSTAN MUCHO ESPERO QUE SIGAS MOSTRANDONOS MAS ACERCA DE ESTOS TIPOS DE ARTE A MI EN LO PARTICULAR ME GUSTAN MAS LAS DE LOS SURREALISTAS ASI COMO SALVADOR DALI,ETC… CUIDATE BYE
    1 Junio 2009 | 02:51 AM

  2. Bernardo (más o menos) dijo:

    Aquí estamos.
    La escena de la escalera con gente muerta me recordaba el Potemkin, pero no: se trata de una escena real, de la masacre de Nanjing… Ahí va el único lugar donde la he encontrado:

    Qué cosas.
    Saludos.

  3. Bernardo (más o menos) dijo:

    Y va otro: la triple cabeza de Napoleón. Según mis datos, es de Girodet de Roussy (1767 -1824), un apunte tomado mientras oían misa. Alaba’o, y a qué se dedican estos gabachos en la casa de Dios… Pues ahí está:

    Más saludos.

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