El Aleph de Ramón: Inventario nº 8


Imagino que ya no son necesarias presentaciones y formalidades. Aquí Ramón, aquí unos amigos. Un nuevo fragmento de lo desconocido espera nuestros ojos. ¡Al ataque!

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La clef des songes, René Magritte, 1930

No hay más que echar un vistazo a La llave de los sueños para intuir conexiones entre la pintura de Magritte y la obra de Ramón. La obra de Magritte es siempre un interrogante, una puesta en duda de las categorías de lo visible, de la representación artística, de los conflictos que pueden crearse en la delgada y frágil frontera entre lenguaje verbal e icónico. No hay respuestas en la pintura de Magritte, se trata únicamente de incómodas afirmaciones visuales que rompen nuestros esquemas lógicos habituales. En la obra de Ramón encontramos que la realidad entera es meticulosamente desarmada e inmediatamente replanteada de múltipes modos según imperativos únicamente poéticos. Quizás el ejemplo más claro de esto lo encontremos en El Rastro: Ramón posa su mirada sobre las cosas para auscultar y sacar a la luz ese otro eco –inverosímil, poético- que palpita en el interior de cada objeto. Este proceder, que constituye un pilar fundamental del Surrealismo y de la modernidad (en la obra de Magritte, o en la de Duchamp, por poner solo dos ejemplos), fue uno de los muchos adelantamientos geniales del escritor madrileño.

…el Rastro es sobre todo, más que un lugar de cosas, un lugar de imágenes y de asociaciones de ideas, imágenes, asociaciones sensibles, sufridas, tiernas, interiores, que para no traicionarse, tan pronto como se forman y a continuación, se deforman en blancas, transparentes, aéreas y volanderas ironías… ¿Cómo y hasta qué punto darían explicaciones por haberse formado?… Se suceden unas a otras sin detenerse por tremendas o balbucientes e ingenuas y se las acepta y se las sonríe o se las lamenta y se las suelta.

(El Rastro, 1915)

En El Incongruente (1922), Ramón nos dice acerca del protagonista que “durante sus sueños, era unas veces una mesa, otras un pez de acuario y hasta alguna noche un ídolo negro”. Pero todo queda resumido en una sola greguería:

El sueño es un depósito de objetos extraviados.

Lot y sus hijas, Lucas Van Leyden, ca. 1509

Los surrealistas buscaron inspiración a su alrededor, y a menudo hallaron esa otredad estética que buscaban en artistas marginales o del pasado. El Surrealismo no se proponía únicamente como proceso revolucionario, sino como revelación de procesos mentales y estéticos soterrados a lo largo de la historia. A menudo los compendios, manuales o diccionarios del Surrealismo incorporaron suculentos repasos a la historia del arte, y ofrecían la posibilidad de escrutar grandes obras de arte con una nueva mirada. En Lot y sus hijas, Van Leyden ilustra un conocido episodio bíblico: Lot huye de la destrucción de Sodoma dejando por el camino a una esposa curiosa y convertida en estatua; se refugia en una cueva con sus dos hijas, pero éstas lo emborrachan y lo seducen para tener descendencia. El juego de luces, la compleja perspectiva, el sentido narrativo y la enorme riqueza de detalles (el navío hundido, la torre desmochada como una baraja de naipes, la pasarela de madera sobre el mar) convierten el lienzo de Van Leyden en un espacio perfecto para pasear la mirada, pero si algo excitó la imaginación de los surrealistas y de Ramón fue probablemente la sugerente mezcla de erotismo, destrucción, y sacrilegio: mientras un Dios vengativo pone fuegos artificiales de muerte en el cielo, unos inusuales amantes se entregan al sexo, ajenos a la destrucción.

Escultura biomórfica, Jean Arp, ca. 1940

Ramón era un hombre atento a todas las artes, y la escultura no escasea entre las imágenes que envuelven el torreón, ya se trate de mórbidas ninfas barrocas (como las de Canova) o de construcciones vanguardistas (Picasso, Giacometti). Ya apareció una escultura de Arp en la addenda del Inventario: nº 5, propia de un primer periodo en el que el escultor franco-alemán experimentaba únicamente con relieves de madera pintada. Algo más tarde Arp se adentra en la creación de piezas de bulto redondo (nunca mejor dicho), fluidas y pulidas como si se tratase de un líquido. Arp admiraba el vuelo de los pájaros, las formas volubles de las nubes, las piedras erosionadas en formas sugerentes, y todo lo que de inestable y hermoso tiene el mundo natural. Esta pieza me recuerda algo así como una ingrávida gota de leche, y su morbidez no se aleja demasiado de aquellas otras morbideces en los senos y las nalgas de la estatuaria clásica.

Luisa Sofovich (?)

No puedo asegurarlo al cien por cien, pero creo que la mujer de esta fotografía es Luisa Sofovich, la esposa de Ramón. Luisita, como se la conoce en los círculos ramonianos, fue escritora y traductora de talento, pero su valía fue quedando relegada a medida que las penurias económicas y finalmente el deterioro personal de Ramón se fue imponiendo. A la muerte del escritor en 1963, Luisa declaraba su agotamiento por el trance, y poco después activaría los trámites para que el legado de Ramón, y principalmente su singular despacho (inventariado y pormenorizado), se mantuviera íntegro y retornara a Madrid. Su figura proyecta una alargada -y no siempre bien ponderada- sombra en la vida de Ramón. Recordando su viaje al cono sur en 1931, Ramón escribe:

Mi vida en Buenos Aires se inquietó desde el primer momento porque había conocido a la que había de ser mi mujer, a Luisa Sofovich, porteña nacida en el año 12, de padres rusos, y con un niño de meses de su primer matrimonio. La gracia clara de Buenos Aires relucía en su sencillez, y noté en sus ojos la certeza de la comprensión y la puntería del matiz, el auxilio de la palabra. En la raza nueva Luisa era la muchacha –exótica americanizada y españolizada- llena de fe en la literatura y el amor. Ella era el grito de la respuesta después de haberme pasado muchos años viajando hasta exhaustar el otro hemisferio, y lo maravilloso es que la esfinge americana cerraba el arcano con sus palabras, me conmovía con sus aprensiones, y me decía “ya llegastes” con una afirmación que desvanecía la duda de vivir. (…) Mujer de claridad –aún con los misterios de sus dos natividades-, tenía un gran estilo su alma, despectiva y sensible como si tuviese puestos los ojos en un horizonte final de Arte puro. Para mí fue el deslumbramiento de lo que buscaba del otro lado de lo supuesto como el último eco del logro supremo de la esperanza.

(Automoribundia, 1948)

Paisaje con peñasco, edificio y árboles, Francisco de Goya, ca.1812

Solo a la casualidad se debe que yo haya logrado identificar esta estampa de Goya. Son escasísimas las planchas que el pintor dedicó exclusivamente al tema del paisaje, y esta es una de ellas. Me parece una muestra más del ramalazo romántico que siempre asoma en la obra de Goya, y, en mi opinión de completo inexperto en la materia se me ocurre que esta obra guarda alguna relación el lienzo titulado El coloso. Sí, justo esa obra cuya autoría sigue en discusión. En el lienzo, como en la estampa que nos ocupa, un asno permanece impertérrito ante la turbulencia -atmosférica o humana- desatada a su alrededor.

Seeing is believing (L´Ile invisible), Roland Penrose, 1937

En una de sus greguerías, Ramón escribe:

Cuando duerme la mujer, su cabellera es medusa del mar del sueño.



Addenda

Día de lentitud, Yves Tanguy, 1937
Le loup devenu berger, ilustración de Gustave Doré para las Fábulas de La Fontaine
Ariadna abandonada. Iluminación para las Heroidas de Ovidio traducidas por Octavien de Saint-Gelais (1466-1509). Francia, finales del siglo XV
Dawn of objects, Man Ray, 1937 (imagen tomada del estampario)

El Aleph de Ramón se en cuentra en constante revisión y se compone de las siguientes entregas:

Inventario nº 1 (con Palabras Preliminares)

Inventario nº 2

Inventario nº 3

Inventario nº 4

Inventario nº 5

Inventario nº 6

Inventario nº 7

Inventario nº 8

Inventario nº 9

Inventario nº 10

Inventario nº 11

Inventario nº 12

Inventario nº 13

Inventario nº 14

Inventario nº 15

Inventario nº 16

Inventario nº 17

Inventario nº 18

Inventario nº 19

Acerca de Rrose

https://maquinariadelanube.wordpress.com/595/
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2 respuestas a El Aleph de Ramón: Inventario nº 8

  1. Rrose dijo:

    Estos fueron los comentarios del artículo en su antigua ubicación:

    ema dijo
    Más allá de este relevamiento que hacés respecto de Don Ramón (vos como máquina de mirar y él también, por supuesto), quería decirte que el piano volador de la columna de la derecha dialoga perfectamente con El origen del mundo de Courbet. Y, de uno u otro modo, la foto de Pierson de la Castiglione también. El ojo, el óvalo a través del cual mira. Miradas, formas, aberturas, interpelaciones… Lo que vemos lo que nos mira, como diría Didí-Hubermann. Gracias, RR.
    ema
    30 Abril 2008 | 09:08 PM

    Selenita dijo
    Conexiones:
    En el prólogo de la primera traducción al castellano de “El poeta asesinado” de Apollinaire, Ramón Gómez de la Serna escribe: “Todas eran confraternizaciones con Apollinaire a mi alrededor. “Este despacho, ¡cómo se parece al de Apollinaire!”, exclamó suspirando madame Laurencin, que durante una época fue muy amiga del escritor”
    Más conexiones:
    ¡Cuánto me ha recordado el cuadro de Magritte “La clef des songes” a los objetos fotografiados por Chema Madoz!
    Por cierto, expone en la Galería Moriarty (Madrid) hasta el 7 de Junio.
    Gracias por tus imágenes y tus textos, siempre estimulantes.
    1 Mayo 2008 | 04:45 PM

    Rr dijo
    Hola
    Ema: curiosas analogías las que has detectado. También yo, a veces, de tanto mirar la botonera de la derecha termino encontrando resonancias. Entre la luna amarilla de Federico y la nariz roja de Góngora, entre el ojo puzzleado de Ramón y los ojos redondos e incandescentes de Vinicio… Lo que vemos y lo que nos mira es ciertamente, una de las ideas en torno a las que gira esta maquinaria. Gracias por tus comentarios.
    Selenita: en efecto, Ramón era consciente del la similitud de su despacho con el de otros escritores e intelectuales de su tiempo, entre ellos Apollinaire. Algo de esto se comenta en la entrega 0 del inventario: El Aleph de Ramón. Por otro lado, ya sabrá usted que la fotografía de Madoz tiene mucho predicamento en la maquinaria. Gracias por la información ;) y gracias por su comentario. ¿Qué tal por la Luna? ¿Hay más tranquilidad allá arriba? ¿Ha visto usted ya a Cyrano?
    Saludos y hasta pronto
    1 Mayo 2008 | 09:55 PM

    rrose dijo
    Los manuscritos medievales no son mi fuerte. Después de muchos meses olfateando, resulta que la mujer desnuda de la esquina inferior izquierda de este fragmento de estampario no era otra que la desdichada Ariadna en una de las iluminaciones que ilustran las Heroidas de Ovidio traducidas a finales del siglo XV en Francia por un tal Octavien de Saint-Gelais.
    :)
    20 Septiembre 2009 | 05:10 PM

    rrose dijo
    Otra dentellada más a la terra incógnita del estampario: subo hoy a este inventario una estampa de Goya bastante desconocida: “Paisaje con peñasco, edificio y árboles”.
    Estoy buscando el modo de que podáis ver la estampa a un tamaño más grande. Lo añado al texto en cuanto pueda.
    Saludos ;)
    21 Abril 2010 | 06:07 PM

  2. Rrose dijo:

    Acabo de añadir a este inventario un cuadro de Roland Penrose titulado “Ver es creer (La isla invisible)”. No tengo ni idea de donde obtuvo Ramón la imagen, porque a pesar de que la obra estuvo presente en la Exposición Internacional del Surrealismo de 1938 en París, esta no estaba incluida entre las láminas del Diccionario Abreviado del Surrealismo. En fin, es lo de menos. Lo he asociado con una greguería que creo que le va bien…

    Saludos ;)

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