(maquinariadelanube)

El Aleph de Ramón: Inventario nº 1

Palabras preliminares

1. Este inventario, al igual que el experimento perecquiano de Korkos, se propone únicamente a nivel de tentativa. Cada entrega aborda un fragmento del estampario ramoniano, en cada uno de las cuales intentaré identificar un número limitado de obras. Inventariar el total de imágenes es una tarea –apasionante- que llevaría años, y que excede, con mucho, mis capacidades (intelectuales y dinerarias). Suelo centrarme sobre todo en aquellas imágenes que pueden aportar algo –desde mis conocimientos y mi destreza particular- a la comprensión del universo visual de Ramón.

2. Los fragmentos de estampario que aquí se analizan provienen en su mayor parte de las fotografías contenidas en Ramón en su Torreón, el magnífico libro de Juan Manuel Bonet editado por la Fundación Wellington.

3. Me ciño -fundamentalmente, aunque no con exclusividad- a las obras de arte porque es mi terreno y porque son las únicas imágenes que, con mayor o menor éxito, pueden rastrearse en la bibliografía impresa y en la red.

4. Excepto allí donde se indica expresamente lo contrario, todas las citas que aparecen en las sucesivas entregas de este inventario pertenecen a obras de Ramón Gómez de la Serna, por lo que únicamente se indica, entre paréntesis, el título de la publicación, y el año.

5. Todas las colaboraciones son bienvenidas. Si logras identificar una imagen no inventariada previamente, házmelo saber mediante un comentario.


He aquí el primero de los paneles a inventariar, seguido de la primera imagen identificada:


Haz click sobre la imagen para ampliarla

Venus y el organista (o Venus recreándose en la música), Tiziano, 1550

Doy comienzo al inventario con esta famosa Venus de Tiziano como anticipo de lo que se nos viene encima: en las paredes de Ramón he encontrado casi todas las venus y odaliscas habidas y por haber en la historia del arte occidental. Otras muchas aparecerán en el inventario en las próximas entregas, así como infinitas imágenes de mujeres desnudas de todos los colores y en todas las posturas posibles. En 1921, y de la mano de Don Aureliano Beruete, entonces director del Museo del Prado, Ramón realiza una visita noctura a la famosa pinacoteca. El hecho le impresiona profundamente, y el relato de la visita se publica en La Sagrada Cripta del Pombo (1924). Acerca de este lienzo, escribe:

…hubiera querido ver ese organista del Ticiano que mira con disimulo a la mujer desnuda, pues en la noche es indudable que se acerca más ella.

(La Sagrada Cripta de Pombo, 1924)

Desnudo reclinado, Pablo Picasso, 1932

No muy lejos de la oronda venus de Tiziano puede localizarse este desnudo reclinado de Picasso, aún más orondo y magnífico, si cabe. Cambia el estilo, pero únicamente el estilo: ambas obras se ciernen en torno a un mismo ideal de plenitud carnal. Como es habitual en la obra de Picasso, este desnudo es una de las innumerables versiones que realizó sobre el tema, y mucho me temo que no se corresponde por completo con el que he identificado en la pared de Ramón, aunque es prácticamente idéntico.

Máscara de los papúas de Nueva Guinea, Colección Ratton, París (fecha desconocida)
Máscara de marfil, Pueblo Edo, Nigeria, siglo XVI

Es de sobras conocida la afición de todos los modernos como Ramón por las culturas exóticas y de la raza negra en particular. Los negros aportaron dos elementos sin los cuales no se puede entender el movimiento moderno: su arte ancestral, que ofreció itinerarios y referentes estéticos de primer orden para el desarrollo –por ejemplo- del cubismo, y, como no, el Jazz, género musical de rabiosa modernidad. El trozo de pared que hoy diseccionamos presenta una abundancia de esculturas y máscaras exóticas que no he vuelto a ver repetido en ninguna otra lugar del estampario.

Desde hace años, desde antes del cubismo, que ha sido el iniciador del gusto por el arte negro, yo tenía ensalzados en mi despacho los más hermosos ídolos negros. Los había capturado en las selvas africanas del Rastro, en la región de los lagos del Rastro, allá abajo, donde, en la que yo llamo plazoleta central, la tierra se encara con el cielo y le acerca a las narices mismas sus lacerías.(…) Me quieren magnetizar con sus ojos fijos, ahuevados, de cejas entrecruzadas, con la frente cayendo sobre su mirada y apoyándola con su alianza en sus ímpetus. Yo les debo muchas inspiraciones, y más que nada, esa netitud que a veces consigo. Ellos están de cara a la primera alba, y en su obscura forma parece que reflejan, como en un espejo de obscuro bronce bruñido, numerosos albores del primer día y numerosos atisbos y principios que no han sido continuados.

(Ismos, 1931)

Autorretrato, Goya, 1815

El Aleph de Ramón está constituido en gran parte por obras pictóricas. Esto ocurre porque Ramón era un gran aficionado al arte, por supuesto, pero también parece como si hubiera preferido, por comodidad, observar y estudiar las grandes obras de la pintura desde las paredes, convirtiendo su despacho en un enorme museo. Ramón perjeñó textos sobre muchos artistas y biografió –a su modo y manera- a algunos muy importantes, como Goya. No es extraño pues que ocupe un lugar destacado este impresionante autorretrato de Goya.

Su retrato es el de un españolazo que enfrenta con iluminada espiritualidad el fenómeno fisonómico de su época y su rostro se destaca con encaramiento enérgico, expresivo y profundo. Sus autorretratos nos servirán para comprender la personalidad humana de este hombre lleno de carácter en medio de las carátulas muy humanas que le rodeaban. (…) …antes de parecerse definitivamente a Beethoven va a vivir una época casera y desmelenada en la que va a tener asueto para hacerse desde 1815 varios retratos con el cuello de la camisa entreabierto, ladeado lánguidamente sobre el abismo de su genio. (…) Nadie como un pintor tan duradero y que ha pintado tan hondos retratos para saber cómo se deshacen los rostros; cómo la maceración de la vida corrige los parecidos y cuán desgarradora es la mirada de naúfrago de los modelos envejecidos.

(Goya, 1928)

¡Lo que puede un sastre!, Caprichos, Goya, 1799
Ya van desplumados, Caprichos, Goya, 1799
Asta su abuelo, Caprichos, Goya, 1799

Muchísimas obras del pintor de Fuentetodos aparecerán en las paredes de Ramón, pero aquí el autorretrato de Goya está arropado por varias estampas de los Caprichos (obsérvese que el satírico asno de la estampa de Goya está secundado en la pared por la fotografía de un hermoso burro):

Después de haber ojeado mucho el libro feretral de los aguafuertes, y después de haber leido incesantemente las posdatas que Goya añadió a sus plumisferios, estoy convencido de que Goya fue el precursor del humorismo intencionado y suicida, que creó ideal literatura del momento. (…) La lección de las aguafuertes de Goya es profunda y nunca pasará la frescura, la protesta y el sarcasmo de estas pruebas que ya se repiten sobre planchas de planchas de planchas de la plancha original. ¿Qué hay en estos dibujos que no pudieron alcanzar los millones de dibujos triviales de que se ha llenado el mundo? Hay un contraste misterioso que está más allá, más al fondo, en la ráfaga de negrura que cruza la estampa, en la sonrisa, en la espectadora lejana, en la candidez de unas manos, en el flequillo de encaje de la mantilla, en el seno abolsado del traje, en los perritos que juegan como si quisieran retozar los amantes, en la falta de ortografía de la leyenda escrita de su puño y letra. Goya pilló el aspaviento de la ingravidez de la vida sobre la gravidez del drama, el escape de la burla, la ignonimia del hecho consumado, el fatal cuadro de la prisa que tiene la efímera vida de consumar los acercamientos.

(Goya, 1928)

Sneeze, R. P. Kingston (?), c. 1945

Esta me parece una de las imágenes más curiosas del torreón. Parece una fotografía de estudio, que probablemente formó parte de una amplia colección de imágenes médicas o sobre salud, y que Ramón debió de recortar de alguna revista. He creído identificar al autor en un tal R.P. Kingston, y la fecha de 1945 es tan solo aproximada. Es interesante ante todo porque documenta algo que, al menos en principio, no es visible, y porque el escritor prestó bastante atención a los estornudos en sus greguerías.

Estornudo: borrón del aire.

El estornudo es la interjección del silencio.

El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos.

Alguna vez leeremos en la larga lista del reparto del film: “Mr. Achis… Técnico de los estornudos”.

Sneeze, R. P. Kingston (?)
Sneeze, R. P. Kingston (?)

La fotografía me ha gustado tanto que he localizado otras imágenes similares en la red, aunque no estuvieran en el despacho de Ramón.

El pan o mejor la muerte que la deshonra, Salvador Dalí, 1945

Dalí fue otro de los pintores a los que Ramón dedicó una de sus monografías. Así pues, por admiración personal, o porque lo consideró útil para su trabajo, Ramón cubrió su despacho con montones de imágenes de cuadros de este pintor. Reseño este lienzo porque se trata de una obra austera y emocionante, donde Dalí parece querer aproximarse al bodegón barroco, que tanto desarrollo tiene en la escuela española. La imagen transmite una atmósfera de espiritualidad bastante inusual en la obra del ampurdanés.

Billete de un dólar emitido en 1957

El dinero huele a vagabundo, afirmó Ramón en una de sus greguerías. Su relación con el dinero fue, digamos, irregular, o más bien, insuficiente. Como otros muchos escritores y figuras de la cultura, Ramón pasó fatigas. Bien es cierto que nunca le faltó nada esencial, que recibió herencia, que viajó, que compró caprichos, que en algún momento atesoró varias propiedades, y que mantuvo como buenamente pudo su status de figura literaria en una atmósfera de continuos encuentros, homenajes y celebraciones, pero Ramón era muy consciente del origen de todo aquello: el dinero que sin regularidad cobraba por cada uno de los libros, conferencias y artículos que escribía en sus largas noches de trabajo, siempre hasta el alba. Por ello, si tenemos en cuenta la proyección que alcanzó como escritor, sus ganancias no fueron tantas, y lo que es más, sus ingresos fueron menguando considerablemente desde finales de los años treinta y sin parar hasta su muerte en 1963, lo que le imponía un duro horario de trabajo que cumplía a rajatabla encerrado en su despacho.

Demasiada gloria y poco dinero, esa es la suerte del escritor no intrigante y no sectario cuando llegua su vejez.

(Nuevas páginas de mi vida, 1957)

No hay más que leer sus textos finales para comprender que los últimos años de Ramón fueron amargos. La enfermedad y la estrechez económica le cercan, pero incluso en esto el escritor demuestra su naturaleza de poeta: la contabilidad de Ramón fue en verdad una contabilidad de imágenes y de metáforas.

El único capital del escritor: su cuenta corriente, su papel moneda; lo único que la naturaleza fabrica con exuberancia, largueza e indominio, son las nubes.

(Nuevas páginas de mi vida, 1957)

En atención a todo lo anterior, no es de extrañar que en una de sus greguerías, Ramón sostuviera que:

El as de oros debía poder cambiarse en las casas de cambio.

Le Transi de René de Chalon, Rigier Ligier, ca. 1547

El esqueleto es el traje de torero de la muerte.

A la luz de esta greguería, la macabra escultura de Ligier se transforma y apunta maneras de tauromaquia, como si brindara una faena al público. Ramón es la monda…

Portrait de Georges Braque, Pablo Picasso, 1910

Picasso retrata a Braque (fatalizando a Braque con este retrato). Es el momento de las naturalezas muertas y de los violines disociados. Grises y marrones hacen mezcla de cemento y ladrillo como nuevo relieve en la ventana del tiempo.

(Ismos, 1931)

Charles Spencer Chaplin, fotografía de autor y fecha no identificados

La admiración de Ramón por el cómico de Holywood es de sobras conocida. Uno de los capítulos de Ismos (1931) estuvo dedicado al Charlotismo, texto que complementó algunos años después con uno de sus retratos biográficos. Menos conocido es su libreto de ópera titulado Charlot, un proyecto al que Salvador Bacarisse debía aportar la música, que se demoró a lo largo de los años treinta, y que la Guerra Civil y el exilio finalmente se encargaron de hundir en el olvido.

El charlotismo es algo así como el baile de un hombre solo en medio de las vanidades y las fiestas engoladas del mundo. Con ese baile ha conseguido hacer un hombre solo una revolución de gran tribuno, una revolución que comienza ahora a ser interpretada y que se reanudará y seguirá su obra en los cuadros de un nuevo pintor, en las obras de un autor menos cazurro que casi todos los que nos rodean: en las pantomimas de un compañía inédita. (…) Charlot vió y distinguió en la vida, cuando era un pobre muchacho perdido en las calles tristes de Londres, las cosas que no tienen gracia y quieren tenerla, los tipos de humor abortado, todas esas cosas que se debaten en la grisura de una gran ciudad.

(Ismos, 1931)



Addenda
La Última Cena, Leonardo da Vinci, ca. 1494-1498
Deux femmes nues, Pablo Picasso, 1906
Diosa Sekhmet, escultura
Baco junto al Vesubio, fresco pompeyano (Casa del Centenario)
Atenea, Atlas y Heracles, friso del Templo de Hera en Olimpia, 480 a.C
Retrato de Lorenzo de Medícis, Girolamo Macchietti
Rayografía nº 5 de la serie Les Champs Delicieux, Man Ray, 1922
Josefa Bayeu, Francisco de Goya, 1812-14
Trois femmes à la fontaine (la source), Pablo Picasso, 1921
Retrato del joven Goethe, Georg Melchior Kraus, 1775
Retrato de Al-Fayum, siglo I a.C – I d.C (Altes Museum)

Icono de los santos Sergio y Baco, sig. VII.

El Aleph de Ramón se en cuentra en constante revisión y se compone de las siguientes entregas:

Inventario nº 1 (con Palabras Preliminares)

Inventario nº 2

Inventario nº 3

Inventario nº 4

Inventario nº 5

Inventario nº 6

Inventario nº 7

Inventario nº 8

Inventario nº 9

Inventario nº 10

Inventario nº 11

Inventario nº 12

Inventario nº 13

Inventario nº 14

Inventario nº 15

Inventario nº 16

Inventario nº 17

Inventario nº 18

Inventario nº 19