El Aleph de Ramón: Inventario nº 18

Hace más de un año que no publicábamos un inventario nuevo, pero confío en que la espera haya merecido la pena. Lo que analizamos esta vez es una famosa fotografía realizada por Alfonso Sánchez Portela (1902-1990) alrededor de 1932 en el último despacho-torreón de Ramón en Madrid, el de la calle Villanueva, 38. El análisis de esta fotografía no es especialmente abundante, pero aquí tienen el resultado de mis inquisiciones.

Ramón en su estudio de la calle Villanueva, 38, Alfonso Sánchez Portela, ca. 1932 (haz click sobre la imagen para ampliarla)

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Instantánea del cerebro de Ramón, por Oliverio Girondo, tal como apareció en el suplemento Homenaje a Ramón de la revista Martín Fierro, año II, nº 9, Buenos Aires, 18 de julio de 1925, pag. 4

Me pregunto es si casual que, en la fotografía tomada por Alfonso, este dibujo del cerebro de Ramón aparezca justo sobre la cabeza de éste. No creo que nadie pueda pueda sacarnos de la duda. El dibujo, que muestra un cerebro atestado de objetos y de los títulos de las obras de Ramón, formó parte de un suplemento pensado como recepción literaria de Ramón en su frustrado primer viaje a Buenos Aires. Pero Ramón no pudo acudir a la cita (de hecho no visitaría la ciudad portuaria hasta 1931), e intentó suplir su presencia enviando a los editores de Martín Fierro una Salutación en la que elogia a varios escritores argentinos, entre ellos Oliverio Girondo, del que dice que tiene “ojos funambúlicos -100 revoluciones por segundo-“. Ramón rememora todo aquel episodio en su retrato de Girondo, pero sobre todo dedica enormes elogios al escritor argentino y al amigo:

…En ese momento voy a visitar Buenos Aires. Martín Fierro me dedica un suplemento especial. Tengo proposiciones magníficas. Se me prepara un banquete circulante en que todos íbamos a ir comiendo como sucede durante la procesión de Semana Santa con el paso titulado La Cena, sentados en camiones preparados para el banquete. (…)

Ante Oliverio Girondo comprendí todo lo que se engloba en la palabra amigazo, amigazo para la conflagración espiritual bohemia y poética, capaz de decir la clara opinión y tomar del partido del desinterés.

Hemos estado en delirio de ideas y de estilos y siempre él ha sido gran señor de la noche transiberiana.(…)

Es el hombre de más bello vivir que he encontrado, comprensivo, supervidente, eligiendo sus horas y sus comensales en la mayor independencia de la vida, verboso, imaginario, asomado a los últimos balcones.

Hemos marcado un récord de brindis hasta el tercer amanecer, en soledad liberada del mundo, contestes en la misma imagen, viendo yo cómo fue y podría ser el prócer verdadero de América, el que admiró Lope de Vega al verle pasar por Madrid.

(Retratos Contemporáneos, 1941)

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Josephine Baker (probablemente en un programa de mano del Folies Bergère, ca. 1925, y posiblemente a partir de una fotografía original de Stanislaus Julian Walery)

Como la mayor parte de los intelectuales de vanguardia, Ramón sintió a lo largo de los años veinte una gran atracción por el jazz y los espectáculos de music-hall . La figura de Josephine Baker (1906-1975) es un elemento imprescindible de ese contexto. En Ismos (1931) Ramón dedica un capítulo al Jazzbandismo donde , cómo no, aparece la estrella negra del Folies Bergère:

La Baker interpreta como nadie la movimentación desaforada de la nueva movilidad, el kinkaju del presente.

La Baker, pintada de negro, ya que no es bastante negra, y con el pelo mantecoso, como si fuesen a asar su cabeza, interpreta el patinado de la vida moderna, y resulta un estupendo muñeco que sabe lo que se hace. Lo malo es que en su excesivo embadurnamiento, y al hacer gestos con la boca en interpretación del saxofón, enseña su lengua, y el contraste la muestra tan alarmadamente blanca que da gana de gritarle: “¡Púrguese! ¡Cuatro onzas de aceite de ricino en cuanto deje de trabajar!”

(Ismos, 1931)

Josephine Baker en la Revue des revues, Walery, 1927

Fernando Rodríguez Lafuente nos recuerda que, curiosamente, en 1928 José Bergamín escribe:

Ramón escribe mal, como Charlot actúa mal -y como Josefina Baker baila mal- expresamente -expresivamente-, las equivalencias cinematográficas o negristas son más que en ningún otro escritor actual, evidentes. Su literatura -o su poesía- (aparentemente antiliteraria y antipoética) es más que ninguna otra significativa de un momento, por eso mismo quizás, más que ninguna otra pasajera. No importa. Ramón (huérfano como Charlot en su inmaculado desierto albo) solo siempre, en definitiva: se basta y se sobra.

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La acomodación del deseo, Salvador Dalí, 1929

Este espacio poblado de volúmenes blandos y blanquecinos, como huevos que contienen cabezas de leones y extrañas siluetas, me recuerdan a La playa de los pisapapeles, uno de los capítulos más conocidos y citados de una novela de Ramón titulada El Incongruente (1922). Y es que la prosa de ese texto me parece profundamente daliniana, y no me refiero únicamente la conexión visual o plástica con la pintura del catalán, sino también a una similitud con la hialina claridad y asepsia poética que le es propia a los no demasiado conocidos textos literarios del pintor catalán. En la novela, Gustavo, El Incongruente, llega con su motocicleta a la escondida playa de un pequeño pueblo de pescadores, y queda atónito ante lo que contempla:

Los pisapapeles naturales mostraban sus flores de cristal, y las caricias duras y mórbidas de sus redondeces se imprimían en el alma. (…) mostraban sus flores, submarinas todavía vivas y palpitantes como sexos de anémonas, moviendo sus flecos en el fondo de su transparente y densa valva de vidrio. Se veía claramente que estos pisapapeles estaban mucho más vivos que esos que ya instalados sobre las mesas de despacho no tenían el soplo de una vida interior. (…) Coralinos, cristantemáticos, con guisantes multicolores, multipétalos, iridiscentes, con tréboles de cuatro hojas, con polen de sirena, con ojos estriados y nictálopes, con perlas y bulbas rosas, todo se mezclaba bajo sus traslúcidos cristales, cristal blando como el de la lágrima o el de la efusión amorosa. Había pisapapeles con iniciales y un anda, con daguerrotipo, con un poco de pulpa de oreja, con un pensamiento vivo como la sangre recién vertida y el misterio de la amapola azul batía sus alas como en la muerte. !Qué significativos guiños hacían al sol!

(El Incongruente, 1922)

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Et les papillons se mettent à chanter (Y las mariposas comienzan a cantar) (lámina 120 de La femme 100 têtes), Max Ernst, 1929

Intentando explicar qué es el Surrealismo en el capítulo homónimo de Ismos (1931), Ramón nos dice que:

Para explicar gráficamente y de un modo más socorrido que por medio de las teorías, hay que apelar al libro de estampas de Max Ernst titulado La mujer de cien cabezas.

Max Ernst, que ya colaboró en las primeras revistas avanzadas e ilustró algún libro de Paul Elouard (sic), ha recortado para formar ese libro viejos grabados de libros, revistas, catálogos y prospectos, y con todos ellos, en sabia operación digna de un Dr. Curel, ha forjado sus nuevas estampas.

Con tan sencillos elementos ha creado nuevas sombras chinescas, nuevos mapas de lo que se había pensado, extraordinarios desates de la lengua en lo indecible. (…)

El mismo autor en los breves pies que pone a sus grabados, todo lo lleva a su último grado de expresión bajo luces de ultramundo.

Detrás de las cortinas de los viejos grabados sabíamos que había algo, y en el ambiente rayado y ensombrecido de su fondo sabíamos que flotaba alguna figura que quería mostrarse, que nos quería decir algo, pero no habíamos acabado de verla.

Max Ernst, el artista de la Renania, que, redimido de todo alemanismo y manumitido por un arte, ha mostrado lo que había en las alcobas de sueño del grabado en dulce.

(Ismos, 1931)

Es probable que esta imagen en particular revistiera para Ramón otros significados, ya que aglutina tres motivos muy propios de su imaginario: en primer lugar, y por supuesto, lo escatológico y lo macabro de esos esqueletos asomados a sus nichos. En segundo lugar las mariposas, el insecto preferido de Ramón y sobre el que llegó a publicar en 1932 un interesante ensayo en Revista de Occidente. En tercer lugar el farol de luz de gas, porque no olvidemos que entre los innumerables trastos de su despacho madrileño también había, bien adosado a una de las paredes de la habitación, un farol de los que entonces eran usuales en las calles de Madrid. Pero en el collage de Ernst parece como si los cadáveres se desperezaran, prestos a transformarse en mariposas, atraídos, desde la oscuridad de sus nichos, por la luz del farol. Como si la cristiana resurrección de la carne tuviera alguna relación con la metamorfosis a la que estos insectos acostumbran en sus crisálidas.

En esa transfiguración secreta de la momia viva hemos indagado los naturalistas y nos hemos encontrado con una ejemplar metamorfosis.

Todos debíamos tener en la vida un momento así y saber desdoblarnos con tan denodada rectificación. Yo por lo menos intento eso cada noche en la soledad de mi despacho, en lo recóndito de mi intimidad.

La mariposa dentro de su capullo, de su caseta entretegida por sí misma, se rasga el traje de gusano, se despoja de sus ojos antiguos, de su disfraz precario, y no como nos quitamos el dominó de una noche de máscaras, sino como quien deja una encarnación provisional, la sumisa encarnación para poder vivir mientras no puedo escalar un círculo superior, lo que le sirvió para ir meditando la nueva imagen; y se hiende la piel por el dorso y se arranca sus numerosas patas, y se despoja de sus gibas y queda convertida en ninfa purificada. ¡Lo gusaniento se va a elevar!

(“Ensayo sobre las mariposas”, Revista de Occidente, 1932)

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Deux jeunes filles (La Belle Rosine), Antoine Wiertz, 1847

Imagen ramoniana donde las haya. Concurrencia del erotismo del cuerpo femenino (del eterno femenino ramoniano) y de la muerte corporeizada –por decirlo de algún modo- en un esqueleto. Trae a la mente obras ya inventariadas en este Aleph como La dama y la muerte (Inventario nº 17), de Hans Baldung, donde la muerte abrazaba, en pavoroso acoso, el cuerpo blanquísimo de una mujer desnuda. “Primero se es nudista, y luego se es huesista”, citábamos entonces a Ramón en sus greguerías. Sic transit gloria mundi. La belleza de un cuerpo pleno y jugoso como un melocotón maduro que contempla el vacío y la sequedad de la muerte. Recuerda. Antoine Wiertz (1806-1865) pintor pompier de relativo éxito en sus días ensaya -anticipándose, según dicen, al Simbolismo belga e incluso al Surrealismo- ese conocido juego que conjuga lo erótico y lo macabro, pero si la fórmula es ramoniana por los cuatro costados se debe también al título de la obra, tocado con una pizca de humor negro y burlón.

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El Caballero, la Muerte y el Diablo, Alberto Durero, 1513

Recordemos en primer lugar que en el Inventario nº 2 ya se censó un lienzo de Baldung Grien titulado El Caballero, la Dama y la Muerte (ca. 1505). Aquí un caballero se dirige a un castillo seguido muy de cerca por la Muerte (también a caballo) y el Diablo (a la derecha), encarnado por un extraño animal deforme. En el camino aparecen un perro, un reptil y una calavera. La lectura iconográfica de esta imagen es, tal y como corresponde a la exquisita formación humanística de su autor, muy compleja, y no del todo unívoca. Sin embargo, parece claro que se nos habla de la rectitud y el valor que todo hombre ha de poseer para alcanzar la virtud, puesto que en todo itinerario vital acechan siempre el final inesperado que la muerte impone y la tentación del pecado al que el Diablo invita. Es evidente que para Ramón esta imagen entronca con su particular obsesión con la escatología y la caducidad de la vida, un asunto que el escritor conoció en profundidad a través, sobre todo, de sus lectura de clásicos del Siglo de Oro español. Pero Ramón no ignoraba que su predilección por la Muerte, como gran tema literario y moral , había dejado paso a otros temas categorías estéticas en la edad en la que él vivía. A ese gran sustrato cultural de siglos anteriores se refiere cuando escribe que:

La muerte es un valor en crisis. Se podría decir que ha muerto la muerte en su sentido antiguo y explotable. (…) Todo el círculo de muerte que rodeaba a la vida y la atirantaba en sentido conminativo sirve ahora de impulsión para desoir los consejos de prudencia y espera. (…)

Parece que hoy día ya no hay muerte sino solo sepelios.

Lo subconsciente que se dedicaba antes a la muerte ahora solo se dedica a la vida y se sacan de él fuerzas, intención, tanteos, sed. (…)

Las calaveras son como huchas agujereadas de las que se repartió el dinero entre los que siguen viviendo. La muerte se queda en la vida.

(“Lucubraciones sobre la muerte”, Revista Sur, 1933)

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Jäger im Schnee (Cazadores en la nieve), Pieter Brueghel El Viejo, 1565

Quién sabe si no fue este lienzo el que inspiró alguna de estas greguerías:

La nieve dota de papel de escribir a todo el paisaje.

Invierno: niños de lana jugando en los jardines.

La sensación de andar sobre la nieve es que se hunden los pies en pozos que dan al más allá.

No tiene importancia que el cazador mate un pichón, sino que haya matado un vuelo.

Trineos: mecedoras para la nieve.

La nieve tiene sangre azul.

La nieve se apaga en el agua.

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Addenda

Hommage à Delacroix, Henri Fantin-Latour, 1864
La horde, Max Ernst, 1927
Desnudo recostado, Amedeo Modigliani, 1917 (ya aparecido en el Inventario nº 17)
Rasputin and his admirers (?), autor no identificado, 1914 (?)

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El Aleph de Ramón se en cuentra en constante revisión y se compone de las siguientes entregas:

Inventario nº 1 (con Palabras Preliminares)

Inventario nº 2

Inventario nº 3

Inventario nº 4

Inventario nº 5

Inventario nº 6

Inventario nº 7

Inventario nº 8

Inventario nº 9

Inventario nº 10

Inventario nº 11

Inventario nº 12

Inventario nº 13

Inventario nº 14

Inventario nº 15

Inventario nº 16

Inventario nº 17

Inventario nº 18

Inventario nº 19

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Acerca de Rrose

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9 respuestas a El Aleph de Ramón: Inventario nº 18

  1. Joan dijo:

    Qué alegría un nuevo inventario y qué alegre Josephine.

    Bajo el estante, solapado sobre el extremo derecho del mapa, hay una fotografía de Rasputín rodeado de admiradoras (y algún que otro admirador).

    http://www.esacademic.com/pictures/eswiki/82/Rasputin_Photo.jpg

    http://visualrian.com/images/item/6481

    creo que la segunda está invertida, ya sea por un error de ampliación o por un ataque de espejo photoshop, tuyo será si quieres este pequeño misterio monjil.

    gracias,

    joan

  2. Rrose dijo:

    Jope Joan,

    menudo hallazgo! lo arreglo y lo subo en cuanto pueda.

    Gracias a tí, por supuesto ;)

  3. Rrose dijo:

    Estoy tan contento con el hallazgo del gran Ra Ra Rasputín, que he pensado que esto se merece un premio:

    Feliz Navidad a todos los inventariófilos y a todos los maquinistas ;)

  4. pablo dijo:

    Hola Rrose.
    Tus yonkis te agradecemos esta vuelta a la Torre.

    El cuadro de Brueghel le tengo super visto de un juego de las cinco diferencias.

    Espero volver con algo.

  5. Adrián dijo:

    Creo que el barbudo de cara sospechosamente simétrica que se ve en grande a la derecha y sobre el estante puede ser Henri Désiré Landru.

  6. Rrose dijo:

    Hola Adrián,

    desconocía por completo el rostro de Landrú pero ahora ya lo conozco gracias a tí. He estado mirando fotos en Google y efectivamente, creo que has acertado de pleno, pero no consigo dar con la imagen exacta del estampario (tengo la sensación de que podría tratarse de un fotomontaje de tres imágenes diferentes, pero no tengo nada claro), así que me temo que tendré que dejar a este asesino un poco en suspenso por el momento hasta que consigar rastrear todos los recursos posibles. Adrián, muchas gracias por tu aportación.

    Saludos y hasta pronto ;)

  7. ONDA dijo:

    ENHORABUENA por este original blog; llegué a el indagando sobre collages. Mi abuelo Adriano del Valle fue uno de los introductores del collage surrealista en España a la manera de Ernst, y aparece retratado por Ramón en sus Nuevos Retratos Contemporáneos.

    Saludos

  8. Rrose dijo:

    Hola ONDA,

    qué honor recibir aquí a un nieto de Adriano del Valle! qué grande!! Adriano es otra de mis asignaturas pendientes. Sé bien de su faceta como collagista pero aún no he podido observar con detenimiento sus obras. !Son inencontrables! Solo recuerdo haber visto una o dos obras suyas en alguna exposición itinerante. Ojalá entre tanta estampa ramoniana apareciera un collage de Adriano para recuperar el retrato literario que le dedicó Ramón.

    Saludos y gracias por tu comentario ;)

    • ONDA dijo:

      De eso nada el honor fue mio.
      Algunos collages he publicado yo en mi blog, y en su antologia hay bastanes editados…

      Seguimos en contacto

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